LA ADMINISTRACIÓN CRÍTICA:
UNA OPORTUNIDAD PARA ESTUDIAR LA SOCIEDAD

CRITICAL MANAGEMENT: AN OPPORTUNITY TO STUDY SOCIETY

Diego Szlechter | dszlechter@campus.ungs.edu.ar
  1. Instituto de Industria de la Universidad Nacional de General Sarmiento.
    J. M. Gutiérrez 1150 Los Polvorines -B1613- Buenos Aires, Argentina
Aníbal Loguzzo | aloguzzo@unpaz.edu.ar
  1. Universidad Nacional de José C. Paz.
    Leandro N. Alem 4731, José C. Paz -CP 1665-Buenos Aires, Argentina

Recibido: 16 -10-2019 | Aceptado: 12-12-2019


RESUMEN
En este artículo pretendemos establecer una propuesta de agenda de carácter epistemológico del campo de la Administración desde una perspectiva crítica y situada. A lo largo del artículo se desarrolla un llamado a la consolidación de una revisión del derrotero teórico del campo en base a los postulados de los Critical management studies, pero que atienda a las particularidades del contexto regional y local. En Latinoamérica en general y en la Argentina en particular, la disciplina se ha caracterizado por la reproducción de la versión clásica y ortodoxa de Administración, cuya orientación básica estuvo enfocada en la elaboración de propuestas de diagnóstico e intervención organizacional subordinadas a los intereses de los propietarios, directivos y accionistas de las grandes organizaciones. En este sentido, sostenemos la necesidad de proponer una agenda de investigación que aborde el fenómeno de la Administración partiendo de la reflexión epistemológica con el objetivo de producir conocimiento sistemático en torno al carácter eminentemente social de la administración de organizaciones atendiendo las singularidades propias de nuestra región y que contribuyan a la construcción de sociedades más justas e igualitarias.

Palabras clave: Administración crítica; Management crítico; Epistemología


ABSTRACT
In this article we intend to establish a proposal of an epistemological agenda in the field of Administration from a critical and situated perspective. Throughout the article there is a call for the consolidation of a review of the theoretical course of the field based on the postulates of the Critical management studies, but which addresses the particularities of the regional and local context. In Latin America, in general, and in Argentina, in particular, this discipline has been characterized by the reproduction of the classic and orthodox version of Administration, whose basic orientation was focused on the elaboration of diagnostic proposals and organizational intervention based on the interests of the owners, managers and shareholders of corporations (especially for profit). In this sense, we support the need to propose a research agenda that addresses the phenomenon of the Administration based on epistemological reflection with the objective of producing systematic knowledge about the eminently social nature of the administration of organizations attending to the uniqueness of our region and contribute to the construction of fairer and more equal societies.

Keywords: Critical administration; critical management; epistemology

JEL Code: L2, M1, M19


INTRODUCCIÓN: DERROTERO DE LOS ABORDAJES ORTODOXOS DE LA ADMINISTRACIÓN

La Administración, en tanto disciplina, surge con el desarrollo de un tipo particular de capitalismo que Chandler (1977) denominó capitalismo gerencial. Hacia fines del siglo XIX, el crecimiento exponencial de empresas como las de ferrocarril, sumado a la diversificación en términos funcionales, geográficos y de productos y servicios ofrecidos por parte de las grandes firmas norteamericanas, provocó diversos problemas vinculados con la escala y la diversificación de éstas (Chandler, 1990). Esta situación obligó a sus propietarios a delegar parte de sus prerrogativas con el objetivo de mejorar la eficiencia en las tareas de planificación, dirección y control.

A partir de la separación entre la propiedad y el control de las empresas, comenzó a observarse la emergencia de un nuevo actor en el seno del capitalismo -el manager- y, en este contexto, nacen las primeras escuelas de negocio –como la de la universidad de Harvard- con el fin de capacitar a aquellos encargados de gestionar la fuerza de trabajo y de alinear sus intereses con los de los propietarios.

La currícula de las escuelas de líderes empresariales giró, desde sus comienzos, en torno a mejorar la gestión de las grandes firmas. Es en este marco que debemos comprender las principales preocupaciones de “los padres fundadores” de la Administración, Taylor (1911) y Fayol et al. (1916): planificar, conducir y controlar el proceso de trabajo, así como también desarrollar estrategias para lograr la cooperación sostenida por parte de los asalariados. Sumado a ello, estos autores contribuyeron decisivamente a que las firmas pudieran enfrentar exitosamente las crisis de acumulación del capitalismo, a partir del desarrollo de diversos marcos conceptuales y técnicas de gestión empresarial.

Si bien, Taylor (1911) y Fayol et al. (1916) se empeñaron en desarrollar principios generales de la administración que sirviera para el desarrollo capitalista de los países centrales, nunca contemplaron las dificultades con las que se tenían que enfrentar las organizaciones dada la brutalidad de la organización del trabajo basada en los rígidos principios científicos. Recién en la década del 30 Elton Mayo (1993) reconoció que las dificultades del sistema diseñado por Taylor y Fayol se debían a las condiciones de trabajo imperantes. Es así como surgen las preocupaciones por los problemas humanos del desarrollo industrial (Friedmann, 1956). Es a partir de la década del 40 que surgirán desarrollos teóricos que procuren encontrar técnicas para mantener motivado al personal (Maslow, 1998). La búsqueda de una “humanización” del taylorismo se debió en parte a la necesidad de frenar la ola de revoluciones socialistas que emergían en el este de Europa, lo que derivó en los desarrollos del círculo de Paretto en la Universidad de Harvard, donde surgieron los postulados de la Teoría de sistemas aplicados al mundo organizacional, que aceptaba pequeñas reformas que prevengan revoluciones rupturistas más profundas (Szlechter, 2018).

Con la expansión de las grandes corporaciones norteamericanas a partir de la 2da Posguerra, surgen problemas propios de gestión del flujo de información en organizaciones grandes y dispersas a lo largo del planeta. Es así como es posible comprender la emergencia del concepto de racionalidad limitada de Simon (1962) que, sin cuestionar los cimientos de la firma capitalista, reconocerá que la idea de la utilidad marginal no siempre es la que guía las decisiones de los directivos de las firmas. Hasta la década del 50, no se puso en cuestión la racionalidad instrumental como principio fundante de la Administración. Sin embargo, a partir de la década del 60 se produce una crisis de la racionalidad a partir de las movilizaciones populares en diferentes países que ponían en entredicho la sociedad de consumo en general y la organización del trabajo taylorista - fordista en particular.

Es así como surgen autores que se preocuiparán por los aspectos simbólicos presentes en las organizaciones (Szlechter, 2014). Uno de los primeros exponentes de la crítica a la ortodoxia de la Administración fue Mouseliz (1967), inspirador de la emergencia de los estudios críticos del management a principios de la década del 80 tanto en el mundo anglosajón (Alvesson y Willmott, 1992) como en Latinoamérica (Ibarra Colado, 1991). La crisis de la racionalidad instrumental se produce a través del llamado giro lingüístico (Fernández Rodríguez, 2007), donde los aspectos simbólicos así como el poder y la subjetividad, son tomados en cuenta en el análisis organizacional. A partir de aquí, la Administración se desarrolló a través de dos senderos bifurcados. Por un lado, los CMS o critical management studies y por otro, las posturas clásicas y ortodoxas (Mintzberg, 2009; Prahalad & Hamel, 1994; Norton & Kaplan, 1996) que, si bien evitaban reproducir de manera automática el sistema taylorista – fordista, adoptaban posiciones cercanas a los intereses de los accionistas de las firmas.

En suma, es posible resumir las orientaciones teóricas de la versión ortodoxa de la Administración que se desarrollaron a lo largo del siglo XX, en términos de propuestas de corte explicativo, descriptivo y prescriptivo en torno al fenómeno de la gestión empresarial (Mintzberg, 2009; Prahalad & Hamel, 1994; Norton & Kaplan, 1996). En otras palabras, no existió un esfuerzo teórico de explicación sistemática de las problemáticas emergentes en el mundo organizacional sin que las soluciones propuestas no tengan como horizonte la mejora del desempeño de las firmas. Por ejemplo, si se proponían técnicas de motivación del personal era debido a que las empresas se enfrentaban a problemas de productividad o de baja rentabilidad.

En la actualidad, esta corriente de la Administración ha devenido en algo más que una técnica de gestión de empresas destinada a movilizar tanto a managers como al resto de los trabajadores; ésta constituye la forma por la cual el capitalismo se legitima y brinda marcos explicativos de la realidad social. Sus principales fundamentos teóricos no sólo están orientados a las prácticas al interior de las organizaciones, sino que propone marcos normativos en espacios y ámbitos ajenos a la empresa, como las organizaciones de la sociedad civil y el Estado, entre otros.

La emergencia de la crítica

El derrotero de esta disciplina muestra que la hegemonía de su visión ortodoxa se mantuvo hasta mediados del siglo pasado. Desde el seno de ésta, Mouseliz (1967) fue el pionero en dar cuenta de cuatro aspectos críticos que se deben tomar en cuenta a la hora de evocar la estrechez de los marcos interpretativos predominantes en la Administración:

  • El managerialismo: que denota preocupación sólo por las problemáticas que atañen a los cuadros de conducción de las empresas.
  • El etnocentrismo: la premisa de que las preocupaciones de los directivos de grandes empresas del mundo desarrollado es lo que debe preocupar a las firmas del resto del mundo.
  • El ahistoricismo: la presentación de los paradigmas organizacionales despojados de su contexto histórico.
  • La microscopía: la presentación de los paradigmas organizacionales sin tener en cuenta su contexto social.

De acuerdo con esta crítica, esta mirada parcial y reduccionista del análisis del fenómeno organizacional solía ser acompañada por una sucesión de modelos y paradigmas de gestión que, en su evolución, se iban mostrando como superadores uno del otro. Es así como se presentaban los aportes de Elton Mayo con su desarrollo de la perspectiva de las relaciones humanas, a partir de una supuesta crítica de los paradigmas tayloristas. En este mismo sentido, desde estas perspectivas se presentaba a la crisis del sistema fordista desembocando en la emergencia de un nuevo one best way dentro de los modelos del management, como el caso del ohnismo (Coriat, 2000).

De esta manera, podemos sostener que la Administración se presentaba permanentemente en términos de rupturas paradigmáticas, cuando lo que se observaba eran complementariedades teóricas entre los diferentes paradigmas que se iban sucediendo al largo de la historia de esta disciplina (Ibarra Colado, 1991). Esto no quita que debamos presuponer que las nuevas teorías y paradigmas se caractericen exclusivamente por las relaciones de dominación que promueven ya que, por un lado, los modelos gestión siempre crean fisuras, los actores otorgan sentido a las nuevas formas de organización del trabajo que no siempre responden a las pretensiones del capital; por otro lado, más allá que los modelos de gestión se vayan “montando” unos sobre otros en el devenir de la historia, su pretensión radica en presentarse a partir de la formulación de principios absolutos, es decir como prácticas aplicables a cualquier contexto y a todo tipo de configuración organizacional.

Es en este contexto disciplinar que, desde las propias entrañas de la disciplina, en Latinoamérica van a surgir miradas críticas de los paradigmas mainstream de la Administración, intentando “territorializar” estos paradigmas y ubicándolos en su contexto. En efecto, Ibarra Colado (1991) se pregunta hasta qué punto se puede y en qué medida es deseable importar al contexto latinoamericano esquemas conceptuales surgidos en los centros del poder mundial (Ibarra Colado, 1991). Sin embargo, es necesario reconocer que los casos de Mouseliz e Ibarra Colado han constituido casos aislados que proponían miradas críticas e historizadas de la Administración. Fue necesaria la emergencia de un ámbito de divulgación institucionalizado para que las variantes críticas de la Administración tomasen el vigor necesario para imponerse como alternativa a las visiones clásicas y ortodoxas.

Surgimiento de los critical management studies: la crítica al enfoque gerencialista de la administración

A partir de fines de la década del 70, el neoliberalismo se convierte en política de Estado con la asunción de Margaret Tatcher al poder en el Reino Unido. En este marco, algunos departamentos de Sociología de diversas universidades fueron desfinanciados mientras que otros directamente desmantelados; frente a ello, sus miembros pasaron a encontrar refugio en algunas escuelas de negocio británicas (Szlechter, 2018).

Así, en el contexto de los propios programas de estudio de los MBA destinados a formar a los futuros dirigentes empresariales, surgen los Critical Management Studies (en adelante CMS), como un espacio desde el cual es posible plantear críticas “al sistema dentro del propio sistema”.

Dentro de los objetivos de los CMS se encontraba, por un lado, la necesidad de incluir en la reflexión sobre el management ciertos aspectos que no habían sido considerados tradicionalmente dentro de la Administración y que resultaban relevantes para comprender con mayor profundidad la dinámica del conflicto y el ejercicio del poder en el seno de las organizaciones. Por otro lado, los CMS se proponían  democratizar y humanizar la gestión de las grandes compañías, mitigando los efectos de la racionalidad instrumental en las políticas de recursos humanos, pero sin poner en cuestión la contradicción propia de la relación salarial.

En este sentido, es posible observar en los CMS una escasa vinculación con lo que acontece por fuera de las fronteras de la organización. Esta ausencia se refleja principalmente en el alcance de sus reflexiones y cuestionamientos de la racionalidad instrumental presente en la sociedad, presentándola sólo como extensión de las pautas de gestión manageriales. Es en este contexto que los CMS comienzan a incorporar categorías analíticas propias de las Ciencias Sociales.

La obra de Alvesson y Willmott “Critical management studies” del año 1992 constituye el trabajo seminal por excelencia de esta corriente. Sin embargo, cabe destacar el texto de Fernández Rodríguez “Vigilar y organizar” (2007) por su contribución a difundir los postulados de los CMS en Latinoamérica. Esta obra es una compilación que incluye la traducción al castellano de los principales referentes de los estudios críticos de la gestión, los cuales, mayoritariamente, provienen de Gran Bretaña. Éstos, a partir de la década del 80 del siglo pasado, han contribuido a desviar la mirada clásica de la Administración hacia una perspectiva que desnaturaliza los principales ejes de discusión de dicha corriente de pensamiento. Por este motivo, en el siguiente apartado nos nutriremos principalmente de este trabajo para resumir sus clivajes conceptuales básicos, los que a su vez contribuirán a esclarecer lo que venimos a proponer desde la la perspectiva de Administración crítica y situada.

La posición epistemológica de los CMS

A diferencia de la visión ortodoxa de la Administración, los CMS se posicionan en la perspectiva posmoderna o estructuralista, prestando mayor atención a los elementos discursivos y a cuestiones vinculadas al poder y la subjetividad en el mundo organizacional. Algunos autores sostienen que los desarrollos teóricos estructuralistas y posmodernos han seguido vías paralelas, sin vasos comunicantes entre ellos. Un ejemplo de esto es la escuela neomarxista del Labour Process Theory (Knights y Willmott, 1989), la cual emerge a partir de las contribuciones de la escuela de las Relaciones industriales (Fernández Rodríguez, 2007, p. 3). Sin embargo, se considera que el giro posmoderno[1] de los CMS proviene de las propias entrañas de la teoría del proceso de trabajo, por lo que ambos abordajes estarían estrechamente vinculados entre sí.

Este giro se basa esencialmente en superar la aproximación estructuralista de la Sociología (como por ejemplo la propuesta por Braverman a mediados de los ´70), que había soslayado la vinculación entre poder y subjetividad. A partir de aquí, el proceso de trabajo pasa a ser estudiado a partir de los aportes foucaultianos[2], entendiendo así la subjetividad en el trabajo en relación con el propio espacio laboral, a partir de la práctica y las relaciones concretan que se dan allí, y no por determinismos basados en las clases sociales (Fernández Rodríguez, 2007, pp. 6 y 7). De acuerdo con esta premisa, tanto las técnicas de control de la fuerza de trabajo, así como también las diversas formas de resistencia a las mismas, deben abordarse en el marco de la socialización que se produce intramuros –organizacionales- y no sólo como producto de determinismos propios de la estructura social.

En esta línea de pensamiento, se observa un giro hacia una mirada microsocial dentro de los CMS, que implica que el proceso de descalificación obrero abordado por Braverman (1975) será dejado de lado, en virtud de que éste alude a cuestiones de carácter macrosocial, mientras que lo que se intenta es de dar cuenta de lógicas de acción emergentes al interior de las organizaciones. En este sentido, estos enfoques pretenden analizar procesos sociales concretos y situados presentes en la lógica del actor (Fernández Rodríguez, 2007, p. 21).

La mirada endógena o intramuros organizacionales de los CMS es defendida por Fernández Rodríguez, cuando señala que sus investigaciones constituyen “estudios críticos de la gestión y estudios sociales de la organización, pero sobre todo son una forma de estudios culturales del mundo de la empresa y las instituciones” (p. 346). Sólo por citar algunos ejemplos ilustrativos de este tipo de abordaje del fenómeno organizacional, una de las cuestiones más importantes que procurarán abordar los CMS es “la reintroducción de las emociones en las organizaciones con el objeto de establecer formas colectivas y cooperativas guiadas por el principio de placer en lugar que principios de realidad impuestos por las élites que se basan en la gratificación diferida” (Fernández Rodríguez, 2007: 9). Sumado a ello, los CMS también orientarán su mirada hacia cuestiones tales como “la sexualidad reprimida en las organizaciones, el control psicológico de los empleados o ejemplos de resistencia frente a las políticas de RRHH” (Fernández Rodríguez, 2007, p. 340).

Los focos de la crítica en los CMS

Uno de los supuestos más fuertes de los CMS es que el objetivo central de la firma es modelar la subjetividad de los empleados. Así, el uso que se le da a la cultura corporativa es en tanto tecnología de control basada en la pura dominación. Si bien se reconocen diversas formas de resistencia, la imposición de significados por parte de la alta dirección produce la eliminación de cualquier reflexión crítica. En rigor, es la racionalidad instrumental la que campea en las relaciones sociales en el ámbito empresarial (Fernández Rodríguez, 2007, p. 11). Esta crítica abreva en la Escuela de Frankfurt (Adorno y Horkheimer, 2002), coincidente con la que apuntan los CMS cuando denuncian “el predominio de la razón instrumental en el capitalismo que lleva a la alienación y reificación del hombre” (Fernández Rodríguez, 2007, p. 355).

Por otro lado, tal como sostuvimos precedentemente, una de las principales líneas teóricas de las cuales los CMS pretenden alejarse es la que refiere a la tesis bravermaniana de cuño marxista, no sólo porque el proceso de descalificación que denuncia se deriva de procesos sociales de carácter estructural -dentro de los cuales la perspectiva organizacional se aparta de sus análisis- sino que también las tesis marxistas hacen hincapié en el trabajo –y su división social- como motor de la estructuración de la sociedad. En cambio, los CMS dejarán de tomar al trabajo como objeto de estudio en sí mismo. En este sentido, Parker señala que “no se trata de estudiar el trabajo en sí, sino comprender los símbolos, el marketing, los departamentos financieros, los desayunos de empresa, los mensajes de los consultores, las reestructuraciones de personal o las tensiones sexuales o raciales en la oficina” (2005, p. 354).

Por último, los CMS se van a apartar de la Administración como una mera técnica todo terreno que puede ser aplicada a cualquier tipo de configuración organizacional. En esta línea de pensamiento, Martin Parker, uno de los principales y más críticos referentes de los CMS, sostiene que it is the application of a narrow conception of management as a generalized technology of control to everything - horses, humans and hospitals. This is management as the universal solution, not a personal assessment (...) I have already suggested above that the instrumentalism of management expertise has found its way into most organizations, big and small, as well as into the crevices of private life (2002, pp. 11, 12 y 16).

Las propuestas de los CMS

Los CMS no se restringen sólo a criticar los postulados clásicos de la Administración sino que se proponen ir más allá de eso. Adoptando una posición casi militante, la crítica a la primacía de la razón instrumental en las relaciones sociales, así como también a los objetivos organizacionales, va a acompañada de propuestas de formas alternativas de organización. Así, de acuerdo con Parker (2002, p. 16) uno de los objetivos derivados de los CMS es to open up the possibility of alternative, non-managerial, conceptions of organizing (...) it suggests that there are alternatives to narrow conceptions of organization as market-driven managerialism. En este sentido, si la concepción ortodoxa de organización implica que ésta se orienta en función de las necesidades del mercado, la organización basada en principios democráticos constituye el principal objetivo de los CMS, incluso cuando esto vaya en detrimento de la productividad (Willmott en Fernández Rodríguez, 2007, p. 12).

En esta línea de pensamiento, Fournier y Grey (2000) van más allá de la crítica a la instrumentalidad presente en las miradas clásicas de la Administración de empresas. Si bien reconocen que es necesario poner en cuestión a las organizaciones “performantes”, guiadas por objetivos impuestos como la productividad, la rentabilidad o la eficiencia, su propuesta “antiperformante” necesita de la inclusión de otros dos focos de la crítica: la desnaturalización y la reflexividad filosófica y metodológica. La tarea de desnaturalización implica el intento de exponer y refutar los postulados de la teoría ortodoxa del management. En este sentido, la función central de los CMS estriba en contribuir a la promoción y el desarrollo de formas más humanas de organización. Esta perspectiva no se propone ser anti-management sino que lo que busca es transformar al management, promoviendo teorías y prácticas menos irracionales y socialmente divisivas de management (pp. 13 y 18).

Fournier y Grey reconocen la coexistencia de otra posición en el seno de los CMS, que consiste en romper todo lazo con la práctica managerial. Los autores que defienden esta posición, se niegan a establecer “mejores modelos de gestión”. La razón de esta posición radica en que, según ellos, el management es irremediablemente corrupto dado que su esencia es netamente performante y es esta misma perspectiva la que los CMS deben desafiar. Por eso, los CMS deben ser expresamente “antimanagement”: su tarea no es reformar la gestión hacia formas con contenidos más ético o humano, sino socavarla (e incluso destronarla) a través de la crítica (p. 24). Si bien la posición antimanagerial identifica los peligros de la colonización, parece asumir que el “management” está implicado en una conspiración contra los gestionados. Esta presuposición de pura dominación niega el carácter fragmentado y heterogéneo del grupo que compone la plana directiva de las empresas (Parker, 1997) y que incluso puede llevar a algunos managers a tomar posiciones emancipatorias cercanas a los CMS. Por cierto, no se puede tomar a los managers como un grupo homogéneo ya que se corre el riesgo de desestimar propuestas congruentes con los postulados críticos solo porque provienen de este grupo. Esto  termina ignorando no solo la heterogeneidad de los managers sino también el hecho que los administradores son también ellos mismos administrados (Watson, 1997), negando a su vez la capacidad de agencia de éstos (Watson, 1994) (Fournier y Grey, 2000, p 25).

Las principales críticas en las propias entrañas de los CMS

Los CMS han desarrollado una verdadera crítica de sus propios postulados críticos. Los principales cuestionamientos apuntan en varias direcciones. Por un lado, la crítica se centra en los espacios de trabajo desde donde se desarrollan las investigaciones del management crítico. Tal como sostiene Fernández Rodríguez, “no se debe olvidar que se trata de un grupo de académicos que hacen la crítica desde un lugar extraño, incrustados en un espacio destinado a formar los futuros mandos de las grandes empresas. Se trata, en el fondo, de algo similar a predicar el pacifismo desde el cuartel, o el ateísmo desde el seminario” (p. 367). En este sentido, el autor señala que los CMS son antisistema en el corazón del sistema (p. 2).

Por otro lado, otro de los blancos de la crítica se funda en que sus propuestas se basan en salidas más bien individualistas que colectivistas. Si el socialismo clásico ofreció siempre una estrategia emancipatoria de carácter colectivo, muchos de los postulados libertarios del mundo anglosajón se identificaron con perspectivas individualistas para resolver los malestares sociales, congruentes con el liberalismo clásico. A modo de ejemplo, refiriéndose a la recepción que los CMS tuvieron en los EEUU, Fernández Rodríguez sostiene que “cierto radicalismo libertario siempre fue mejor aceptado que críticas a la redistribución de la riqueza” (p. 363). Al compararlo con la recepción que tuvieron en Gran Bretaña, los CMS norteamericanos se orientaron más “hacia posiciones anarquistas y libertarias que al socialismo tradicional por el que el obrerismo inglés ha tenido especial inclinación”. Esto se debe al “rechazo al Estado, al socialismo burocrático y a todo movimiento de carácter uniformador que reprima las identidades” (p. 363), tan caras al liberalismo. Más allá de las diferencias entre el modelo inglés y el norteamericano, las soluciones de carácter individual son comunes a EEUU y Gran Bretaña. Esto se debe a que en ambos países el Estado de bienestar ha tenido menor incidencia que en países de Europa continental, por lo que el libertarismo anglonorteamericano sería la contracara de la desconfianza del Estado y una vía legítima de emancipación muy bien acogida en los postulados de los CMS anglosajones.

Sumada a éstas, otra de las críticas que reciben los CMS es el “olvido” del concepto de trabajo. El énfasis puesto en los procesos de dominación y control disciplinario terminó yendo en detrimento del análisis de la explotación, las clases sociales y la extracción de la plusvalía de cuño marxista, por mencionar algunos ejemplos. Por otro lado, los CMS no han hecho hincapié en prácticas colectivas de resistencia como el caso de la lucha sindical, atendiendo sólo a las reivindicaciones relacionadas con la identidad (Fernández Rodríguez, 2007, p. 369).

Por último, los CMS también han sido cuestionados por su especial inclinación hacia lo que Boltanski y Chiapello (1999) han denominado la “critica artista”. Resaltando los elementos culturales, los CMS denunciaron más la falta de autenticidad y de autonomía, así como la represión de la identidad, que la explotación o la ruptura de solidaridades como las que se dan en el movimiento sindical. Al dejar de lado la vía de la acción colectiva, los CMS se inclinaron hacia la salida comunitarista o directamente individual, donde se piensa en términos de diferencia y no de igualdad. Es así que el autor español propone reintroducir lo social en los debates futuros de los CMS, de manera que, en lugar de estudios culturales, se pueda hablar de estudios sociales de la organización (Fernández Rodríguez, 2007, pp. 370, 371 y 383).

Es preciso decir que esta crítica de la crítica, por cierto, se mantiene dentro de los contornos de la organización. La postura de la Administración crítica que proponemos, se basa no tanto en incluir los elementos teóricos de la crítica social radical para analizar el fenómeno organizacional, sino en trascender las fronteras organizacionales incorporando los postulados de la crítica social de Boltanski y Chiapello (1999). En efecto, lo que proponemos es intentar comprender desde la Administración crítica, las razones por las cuales ciertas prácticas sociales originadas en los procesos de gestión de grandes firmas han llegado a desplegarse en diversos espacios sociales, desbordando los límites organizacionales. Esta posición es diferente a la que sostiene Fernández Rodríguez así como los CMS en general. No se trata de incluir procesos sociales para analizar el fenómeno organzacional sino elaborar un abordaje comprehensivo acerca de la pregnancia de prácticas y discursos que surgen al interior del mundo organizacional (especialmente en el ámbito privado) que permean diferentes esferas de la vida social. Desde la perspectiva de la Administración crítica, compartimos con los CMS la idea de complejizar la mirada de la teoría bravermaniana del proceso de trabajo, pero intentando encontrar nexos con otros espacios sociales donde los postulados ortodoxos de la gestión están presentes. Por otro lado, consideramos que el trabajo sigue siendo el clivaje a partir del cual es preciso estudiar la Administración para comprender procesos sociales más amplios.

Una perspectiva en construcción

En base a las consideraciones realizadas en el presente artículo, consideramos necesario superar la estrecha visión disciplinar propuesta desde las escuelas de negocios, que sólo responde a los intereses vinculados con la acumulación y reproducción del capital, reduciendo con este objetivo las variables de estudio y por ende la complejidad de la propia dinámica de la praxis social.

En esta línea de pensamiento, es imperioso profundizar el desarrollo de las perspectivas críticas en el campo de la Administración, lo que implica, por un lado, una profunda discusión ontológica y epistemológica que cuestione las perspectivas reduccionistas que subordinan sus desarrollos al incremento de la eficiencia económica, a partir de mejorar los índices de productividad y rentabilidad.

El objetivo central de una perspectiva crítica en el campo de la administración consiste en la producción de conocimiento de carácter sistemático sobre las organizaciones en tanto fenómeno eminentemente social, con la finalidad de comprender los rasgos societales presentes en las organizaciones y los procesos de producción y reproducción de la red de relaciones sociales que allí se establece, así como también la vinculación entre estas dimensiones y la producción y reproducción del orden social del cual la organización es parte.

Desde esta línea argumental. podremos abordar y analizar los rasgos manageriales presentes en las prácticas sociales. En este sentido, la Administración, a través del estudio de los actores, las prácticas y los discursos involucrados en la gestión organizacional, debe constituir una forma de interpelar a la sociedad en su conjunto. Es así como el estudio de las evaluaciones de desempeño presentes en las grandes firmas puede dar cuenta de los criterios de distribución de justicia y de jerarquización social. De la misma forma, la gestión individualizada de las trayectorias laborales al interior de las organizaciones puede arrojar luz acerca de ciertos “sentidos comunes” que han trascendido las fronteras de la firma y que han sido ampliamente instalados en la sociedad como la apelación al emprendedorismo, la filosofía meritocrática como justificadora de las diferencias sociales, entre otras.

Este conjunto de problemáticas posee una estrecha vinculación con la producción y circulación de discursos y prácticas dentro del campo de la administración; las prácticas y los discursos manageriales se encuentran atravesados y son parte de las relaciones de poder que caracterizan una sociedad determinada, que las perspectivas tradicionales tienden a invisibilizar y naturalizar con el objeto de incrementar la potencia y los alcances del discurso.

En este sentido, dada la centralidad de las organizaciones en las sociedades contemporáneas y la extensión y anclaje de las perspectivas tradicionales en el quehacer social, desnaturalizar los preceptos y principios que guían las prácticas manageriales estableciendo vinculaciones con los procesos sociales más amplios que las incluyen, representa un compromiso ético y político con la sociedad en el marco de la búsqueda de mayores niveles de equidad y justicia social.


Pies de página

[1] El giro posmoderno puede ser leído como un verdadero giro lingüístico cuando los CMS eligen poner énfasis en aspectos ligados al discurso y la cultura organizacional. Según Fernández Rodríguez, esto es producto de su rechazo al positivismo y al cuantitativismo dominante en los estudios clásicos sobre organizaciones. Si la dominación, el control y la exclusión forman parte de los debates clásicos de las Ciencias Sociales, los CMS harán hincapié en la faceta discursiva (y práctica, siguiendo los postulados foucaltianos que consideran que las prácticas sociales están comprendidas en los discursos) implicada en dichas cuestiones al interior de los ámbitos organizacionales (p. 344 y 345).

[2] Aquí radica la “fusión” entre la Teoría del proceso de trabajo y el giro posmoderno.


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Sobre la revista


ISSN 1666-5112 | eISSN 1669-1830

Cuadernos del CIMBAGE es una revista semestral, que incluye trabajos sobre aplicaciones de la lógica y la matemática a temas de gestión y economía.

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