La desindustrialización uruguaya y el nuevo paisaje industrial (1980-2015)

 

Uruguayan Deindustrialization and the New Industrial Landscape (1980-2015)

 

 

Juan Geymonat[i]

juan.geymonat@cienciassociales.edu.uy

 

 

Resumen: El presente artículo se propone acercar una descripción e interpretación primaria del proceso de desindustrialización en la economía uruguaya. A partir de los aportes de algunos autores marxistas que incorporan el problema de la renta agraria y la prescindencia de la teoría de los monopolios para explicar el comercio mundial (Shaik, 2006; Iñigo Carrera, 2007, 2018), se elabora un modelo básico para una economía periférica, pequeña y abierta. El modelo explicativo contribuye a la comprensión del proceso y efectos de la liberalización y apertura uruguaya sobre la relevancia y estructura de la industria. Al mismo tiempo, permite explicar algunos elementos de un nuevo paisaje industrial, caracterizado por un incremento en la concentración y primarización del sector, así como por un elevado nivel de extranjerización en la propiedad de las grandes firmas.

 

Palabras claves: Industria; Ajuste estructural; Uruguay.

 

 

Abstract: This article proposes a description and primary interpretation of the process of deindustrialisation in the Uruguayan economy. Based on the contributions of some Marxist authors that incorporate the problem of agricultural income and the lack of monopoly theory to explain world trade (Shaik, 2006; Iñigo Carrera, 2007, 2018), a basic model is developed for a peripheral, small and open economy. The explanatory model strongly contributes to the understanding of the process and effects of Uruguayan liberalization and trade openness on the relevance and structure of the industry. At the same time, it allows explaining some elements of a new industrial landscape, characterized by an increase in the concentration and primarization of the sector, as well as by a high level of foreign ownership in large firms.

 

Key words: Industry; Structural adjustment; Uruguay

 

 

Recibido: 9 de abril de 2019

Aprobado: 26 de diciembre de 2019


Introducción

 

El presente artículo se propone acercar una descripción e interpretación primaria del proceso de desindustrialización de la economía uruguaya, definido como la pérdida de peso del sector manufacturero en el producto agregado.

            A partir de los aportes de algunos autores marxistas que incorporan el problema de la renta agraria y la prescindencia de la teoría de los monopolios para explicar el comercio mundial, se elabora un modelo básico para una economía periférica pequeña y abierta. El modelo explicativo aporta fuertemente a la comprensión del proceso y efectos de la desindustrialización uruguaya.

            Sobre la ausencia de mecanismos explícitos para alterar los precios relativos en base a la captación de flujos de renta agraria, y en el marco de una economía abierta con eliminación de aranceles, la industria de bienes de consumo para el mercado interno tenderá a menguar, concentrándose el sector manufacturero en las industrias primario-exportadoras.

            En el marco de una expansión de los precios de las materias primas, la especialización en productos primarios y la dificultad de desarrollar procesos de valor agregado impactarán sobre la estructura de enlaces entre industrias, reduciendo la complejidad del entramado industrial. El capital extranjero, en este tipo de contextos, llegará a la economía nacional para alojarse en aquellos sectores primario-exportadores. En ellos, protagonizará un cambio en la estructura tecnológica sectorial y en las condiciones de competencia propias de la rama, desplazando al capital nacional a sectores subordinados o menos atractivos del punto de vista de la rentabilidad.

            El trabajo se divide en cuatro secciones además de esta introducción. En la sección siguiente se presenta un breve modelo teórico que posibilita la interpretación de los fenómenos que posteriormente expondremos. La tercera sección se dedica a un cuadro general de la variación político institucional en el modelo de industrialización uruguayo desde 1973 hasta la actualidad, con énfasis en el período 1980-2015. La cuarta sección del trabajo presenta un balance del desempeño sectorial industrial atendiendo a diferentes niveles de desagregación. En la quinta sección se exponen tres consecuencias derivadas de las políticas aperturistas y liberalizadoras que acompañan el proceso de desindustrialización del país y que pasan a formar parte del nuevo paisaje industrial; a saber, la concentración y centralización sectorial, la extranjerización de la propiedad, y la primarización del sector. En la última sección, a modo de conclusiones, se subrayan los principales puntos de este trabajo. 

 

Modelo teórico y fuentes

 

El esquema de Shaikh

Shaikh (2006) ofrece un modelo simple para explicar los mecanismos que perpetúan o reproducen la condición del subdesarrollo a partir de la teoría del valor-trabajo. Buena parte de la utilidad de este modelo se centra en que el mismo presta atención tanto a los flujos comerciales como de capitales entre naciones.

  El modelo consta de dos tipos de economías nacionales: “países capitalistas desarrollados” (pcd) y “países capitalistas subdesarrollados” (pcs) (Shaikh, 2006: 198). Cada país vuelca al comercio mundial aquellas mercancías que puede producir a menor valor relativo respecto a terceros países, o aquellas en las que tiene cierta exclusividad por ser único productor. El resultado simple es que los pcd dominarán el comercio mundial debido a su mayor eficiencia general -que se traduce en menores precios de producción- derivada de una estructura productiva más desarrollada; mientras que los pcs se especializarán en aquellas mercancías sobre las que guardan algún tipo de ventaja de tipo natural, climática, o de cercanía respecto al mercado final, que compense su menor eficiencia productiva. La tendencia intrínseca en esta relación es que los pcs tenderán a déficits comerciales recurrentes y alto endeudamiento para cubrirlos.

  De esta forma,

 

“no es el monopolio o la conspiración sobre lo que descansa el desarrollo desigual, sino la libre competencia misma: el comercio libre es un mecanismo para la concentración y centralización del capital internacional como el intercambio libre dentro de una nación capitalista lo es para la concentración y centralización del capital doméstico” (Shaikh, 2006:199).[2]

 

  Los pcd, además de una tecnología superior, albergan una fuerza de trabajo “más condicionada a la producción capitalista” (Shaikh, 2006: 201) que se traduce directamente en un nivel superior de productividad de la mano de obra. La situación inversa acontece en los pcs. La adecuación productiva de estos últimos países a través de un proceso puramente interno encuentra varios escollos. Existen problemas derivados de la escala del capital físico y las capacidades locales para absorber el incremento de la producción; problemas relativos al volumen de capital disponible para iniciar la inversión; y/o de la adecuación de un conjunto de técnicas y procesos que requiere el cambio tecnológico localizado, entre otros muchos aspectos. En cambio, “los capitalistas de los pcd tienen mucho más capital disponible para invertir, conocen bien las técnicas modernas y tienen acceso a todos los trabajadores con la especialización necesaria” (Shaikh, 2006: 202)

  Así, buena parte del impulso modernizador de los pcs ha provenido y proviene de la inversión extranjera. De acuerdo al modelo de Shaikh, la inversión extranjera tiende a alojarse en aquellos sectores de los países periféricos donde la diferencia de productividad con el pcd se compensa con el nivel salarial, o donde existen ventajas naturales específicas, o de cercanía a los mercados. Sobre este esquema, y atendiendo a las determinaciones del comercio entre países, es de esperar que la inversión extranjera se dirija fuertemente al sector exportador primario de los pcs. No obstante, tal como apunta Shaikh, los sectores que se dedican a la producción doméstica también pueden ser un blanco de la inversión extranjera en la medida en que “la tecnología superior del capital extranjero y el costo neto más bajo de la mano de obra permitan a los capitalistas de los pcd sacar ganancias mayores que en su país” (Shaikh, 2006: 204).

  Desde este punto de vista, el ingreso de capitales extranjeros sobre uno de los pcs, tiene una serie de efectos perturbadores a escala interna. En primer lugar, la mayor dotación tecnológica que lleva al capital extranjero a producir por debajo del precio de producción local (y por tanto con una mayor ganancia), traerá efectos negativos sobre el capital local que compite en esos sectores, relegándolo a sectores no atractivos para el capital extranjero, o subordinándolo como proveedor de insumos y servicios al desarrollo de aquel. Por otro lado, como el nivel salarial es una función del desarrollo de las fuerzas productivas a escala nacional, a medida que la modernización introducida por los capitales extranjeros derrama al conjunto de la economía, el nivel de salarios aumenta y con ello la ventaja inicial en torno al nivel bajo de salarios tiende a perderse. A medida que este incremento no se compense con un incremento más que proporcional de la productividad, este fenómeno podría traer aparejados problemas de balanza de pagos y volatilidad en el crecimiento económico.

  Al modelo general de Shaikh pueden agregarse un conjunto de determinaciones que amplían el alcance del mismo. Entre ellos, el problema de la inserción internacional vía productos en cuyo precio de producción se determina por la renta del suelo.

 

La renta del suelo y la singularidad uruguaya

La economía uruguaya ha estado históricamente vinculada al mercado mundial a partir de bienes primarios. Si bien los mismos han tendido a disminuir en el total de la canasta exportadora, su desplazamiento se sustenta fuertemente en el desarrollo del comercio intra-región e intra-firmas; aspecto que no altera la funcionalidad última de la economía uruguaya en la división internacional del trabajo: la provisión de bienes salario y materias primas.  

  En la formación de los precios de producción de los productos primarios, la renta de la tierra, aquel aspecto que surge del carácter monopólico y heterogéneo del recurso tierra y que no reproduce en lo fundamental ni al trabajo ni al capital (Iñigo Carrera, 2017), juega un papel determinante.[3] Cuando la demanda mundial de este tipo de productos se incrementa, crecen los flujos de renta agraria que ingresan a la economía nacional vía comercio exportador.     

En su forma estilizada, el crecimiento de la renta agraria permite un crecimiento general del ingreso y la expansión de un conjunto de actividades no necesariamente relacionadas a la fase primaria. Este incremento del ingreso se traduce a la vez en un incremento de la demanda de importaciones, tanto en forma de insumos para la producción local en expansión, como en forma de consumo final. Al mismo tiempo, siguiendo el esquema de Shaikh (2006), la expansión de los precios internacionales de los bienes primarios es un llamado al capital extranjero.

  El ingreso de capitales extranjeros y el aumento de divisas provenientes del sector exportador tienden a sobrevaluar la moneda local. Esta sobrevaluación tiene una serie de posibles efectos contrarios. Por un lado, abarata buena parte del capital constante (maquinarias, equipo e insumos importados) generando condiciones para una mayor tecnificación e incremento de la productividad. Por otro lado, abarata también las importaciones de bienes finales que compiten con la industria local.

  En ausencia de una política de alteración de los precios de producción relativos, los ciclos expansivos de la renta tenderían a menguar el peso de la industria mercado internista, concentrando la estructura del sector manufacturero en aquellos sectores ligados a las ventajas primarias.

Cuando los flujos de renta se contraen comienzan los problemas. Se generan desbalances en la cuenta corriente derivados del menor ingreso por ventas al exterior y una demanda de importaciones rígida (Bértola y Bertoni, 2014). Al mismo tiempo, las condiciones que atraían a buena parte del capital extranjero comienzan a deteriorarse por lo que la entrada de divisas vía Inversión Extranjera Directa también comienza a reducirse.  El crecimiento sustentado en el efecto compensador de la renta agraria comienza a verse cuestionado en su fundamento. Para aplazar las contradicciones que se acumulan en este tipo de períodos, el país tiende a endeudarse. Pero, en tanto la productividad o eficiencia económica sigan rezagadas, este tipo de mecanismos oculta un problema central cuyo desenlace es implacable. La resolución, agotadas las demás vías, suele conjugar una política de ajuste que tiende a reducir los déficits estatales, recuperar competitividad internacional vía devaluación, reducir del valor de la fuerza de trabajo como mecanismo general de recuperación de la rentabilidad, y de eliminación del capital excedentario como consecuencia general (Iñigo Carrera, 2007, 2008, 2017).

 

Fuentes

Las fuentes utilizadas provienen de estadísticas oficiales (censos industriales, encuestas de actividad, cuentas nacionales), así como de trabajos de otros autores. En el caso del análisis de las principales empresas industriales se comparan rankings de empresas construidos para fines de la década de 1980 (Stolovich y Rodríguez, 1988) con un ranking construido por mí para el período 2010-2015 en base a la Encuesta Anual de Actividad Económica y otras fuentes (Geymonat, 2019).

 

Los cambios político- institucionales

 

Liberalización y apertura en Uruguay

Los intentos de liberalizar y abrir la economía uruguaya se remontan al gobierno militar de 1973, aunque su consolidación plena es en la década de 1990 con gobiernos democráticos. La dictadura militar avanzó en un conjunto de medidas importantes en esta dirección, aunque en líneas generales las inspiraciones neoliberales cedieron ante el pragmatismo (Notaro, 1984).

            En 1974 se estableció libertad absoluta en el mercado de cambios y la libre convertibilidad del peso uruguayo (moneda nacional). En 1976 se eliminó el curso forzoso de la moneda y con ello se estableció un creciente nivel de dolarización de la economía. A partir de 1978, se profundizó un conjunto de medidas que tenderían a flexibilizar y desregular la actividad financiera.

            En lo que hace a la liberalización comercial, el proceso es de menor profundidad. En primer lugar, si bien la intención manifiesta era consagrar al mercado como único asignador eficiente de recursos, en términos pragmáticos se violentó permanentemente esta definición. Existió una fuerte estructura de subsidios a las exportaciones no tradicionales, al tiempo que la reducción de aranceles a las importaciones no llegó al nivel esperado (Macadar, 1988; Notaro, 1984).  

            Los procesos de apertura y liberalización definitivos se consolidan en la década del 1990, con la asunción de un gobierno del Partido Nacional liderado por Luis Alberto Lacalle de Herrera. Este período incluyó un proceso de apertura irrestricta al mundo -sobre la quita de aranceles- y la consolidación -mediante la formación del Mercosur- de acuerdos comerciales con la región que permitieron -vía aranceles externos comunes- el desarrollo de una zona medianamente protegida para algunos bienes.

Con la misma lógica liberalizadora se actuó en otros mercados, como el de fuerza de trabajo. La negativa por parte del Estado a convocar consejos de salarios (mecanismo de negociación tripartito del salario) a partir de 1992 llevó a que los acuerdos salariales se restringieran a nivel de empresas y a la buena voluntad de las partes para reunirse a acordar. En la vía de los hechos, esta omisión del estado redundó en que este mecanismo rigiera sobre todo en algunas grandes empresas, y en sectores de alta formalización y sindicalización (Olesker, 2001).

La matriz liberalizadora que primó en los años noventa también explica el intento de privatizar una serie de empresas públicas, que fue frenado en las urnas en 1992. Sobre la misma lógica se promovió la apertura de algunos sectores donde el Estado tenía una posición monopólica (entre los casos más emblemáticos se encuentra la seguridad social, y la renuncia al monopolio de la generación de energía) (Finch, 2005; Olesker, 2001).    

En relación a las políticas de fomento y desarrollo industrial, los principales instrumentos adoptados en el período refieren a aquellos basados en beneficios fiscales (mediante distintos tipos de subsidios, así como de renuncia fiscal). Los mismos se orientaron principalmente a la promoción de exportaciones e inversiones (Bértola, Isabela y Saavedra, 2014). El énfasis estuvo en la realización de políticas horizontales, aunque existieron algunos casos de instrumentos sectoriales.[4] Entre las novedades del período se encuentra la instalación de un nuevo régimen de zonas francas (1987), el régimen de promoción de inversiones en maquinaria y equipos (1993), y la ley de promoción y protección de las inversiones aprobada en 1998 (Bértola, Isabela y Saavedra, 2014).

Este nuevo modelo registró resultados positivos en materia de crecimiento económico, aunque no en mejoras sustanciales del salario, ni en disminución de la desigualdad (Olesker, 2001). A partir de 1998 se registra una recesión en el crecimiento cuyo desenlace es una profunda crisis en 2002.

 

El ciclo progresista: ¿un paréntesis? (2005-2015)

Como sucede, casi en forma regular a las abruptas caídas en el volátil crecimiento uruguayo, las depresiones son seguidas de cambios políticos (Bértola y Bertoni, 2005; Bértola, Isabela y Saavedra, 2014). La crisis de 2002 en gran medida fue el empujón decisivo para el triunfo electoral de la coalición de izquierda Frente Amplio. La nueva fuerza en el poder logró articular una serie de políticas, que, sobre flujos extraordinarios de renta agropecuaria, permitieron la redefinición de un nuevo pacto distributivo entre clases.

  Entre las novedades del nuevo pacto distributivo se encuentra un crecimiento importante del salario real, que a diferencia de lo sucedido en la década del noventa, acompañó el crecimiento económico. Por otro lado, durante el período se evidenció un incremento del gasto público social -tanto en términos reales como relativos al total del gasto público (Bértola y Bertoni, 2014)- que en cierta medida se incorpora al valor de la fuerza de trabajo como salario indirecto.

  El desempleo cayó también a niveles históricos por debajo de un 8%. Las regulaciones y acciones tendientes a garantizar el derecho a la sindicalización, la convocatoria a consejos de salarios y su expansión a sectores históricamente postergados (como los trabajadores rurales y las empleadas domésticas), fueron también parte de una política activa que impactó sobre el precio de la fuerza de trabajo. Estas transformaciones se dieron sobre un modelo que permaneció incuestionado en cuanto a sus fundamentos de libre mercado y apertura comercial, y que incluso fue perfeccionado en esta dirección.

  Los grandes trazos de la política de promoción industrial del país se realizaron sobre el mercado como ámbito regulador y elector de perdedores y ganadores. En relación a los instrumentos, se observan aspectos de continuidad y novedades puntuales respecto al período anterior. Entre los elementos de continuidad, se encuentra el sesgo de la política industrial a la promoción exportadora y a la inversión a partir de incentivos fiscales. Estos dispositivos siguen explicando una parte importante de los esfuerzos públicos (ver Cuadro 1). Se suma a ellos, aunque de carácter marginal, un nuevo conjunto de instrumentos como “la promoción de clusters y redes empresariales; y la inclusión de metas específicas a cumplir por las empresas para acceder a beneficios tributarios” (Bértola, Isabela y Saavedra, 2014:80); la creación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (anii) con líneas de vinculación específicas al mundo productivo, entre otras políticas destinadas a la promoción de capacidades en gestión empresarial.

 

Cuadro 1: Financiación de políticas productivas (en %), 2012

Fuente de financiación

Participación anual

Beneficios fiscales

78,3%

Presupuesto público

19,5%

Programas con financiamiento de organismos internacionales

2,2%

Total

100%

Fuente: Bértola, Isabela y Saavedra, 2014: 65

 

 

Desindustrialización y después

 

La pérdida de gravitación del sector industrial en Uruguay varía según se tomen valores corrientes o constantes, como se observa en el Gráfico 1. A valores constantes, la pérdida de participación de la industria en el total del producto se da a partir de 1978, aunque la misma presenta cierto gradualismo hasta la década del noventa. A precios corrientes, el último pico se encuentra en 1987. Pese a estas variaciones, en ambos casos es coincidente que la caída pronunciada se da durante la década de 1990.

 

Gráfico 1: Participación de la industria en el PBI a precios corrientes y constantes (1970=100)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Elaboración propia en base a Banco Central de Uruguay (BCU) y Montevideo Oxford Latin American Economic History Database (Moxlad).

 

  En base a la participación de la industria en el producto y al desempeño sectorial pueden distinguirse dos períodos. Uno de desindustrialización sin crecimiento industrial (1980- 1998), y otro de crecimiento industrial sin industrialización (1998-2015).

 

 

 

Gráfico 2: Crecimiento industrial e industrialización, 1980-2014 (índice de volumen físico -IVF- y porcentaje de valor agregado bruto industrial -VAB-)

 

 

 Fuente: Elaboración propia en base a Facultad de Ciencias Sociales, Unidad de Métodos y acceso a datos.

 

Crecimiento industrial en la desindustrialización sin crecimiento (1980-1998)

Durante el período de desindustrialización sin crecimiento (1980-1998) el sector manufacturero creció a una tasa anual de -0,16%. (Unidad de Métodos y acceso a datos). Carecemos de datos desagregados a dos y cuatro dígitos de la ciiu con anterioridad a 1982. En tal sentido, es que optamos por presentar los datos del período a este nivel de desagregación a partir de 1987. En este año (1987) el producto total de la industria manufacturera se encuentra próximo a su pico de la década de 1980 (ver Gráfico 2), al tiempo que representa el punto máximo del ciclo fuera de sus puntas (1980 y 1998). 

  Si atendemos al crecimiento por divisiones a dos dígitos de la Clasificación Industrial Internacional Uniforme (ciiu, revisión 2) se puede apreciar que el sector de alimentos, bebidas y tabaco fue el de mayor expansión durante el período. Situación contraria a la experimentada por el sector textil y del cuero.

 

 

Cuadro 2: Crecimiento anual del ivf por divisiones industriales, 1987-1998.

 

División (2 dígitos ciiu rev. 2)

Tasa de crecimiento anual 1987-1998

Alimentos, bebidas y tabaco

2,91%

Textiles y cuero

-4,12%

Papel, cartón e imprentas*

1,34%

Química- farmacéutica

2,02%

Minerales no metálicos

0,55%

Metálicas básicas

-2,62%

Maquinaria y equipo

-2,36%

Total de la industria

0,29%

 

*No se incluye el sector madera por no tener datos

Fuente: Elaboración propia en base a Facultad de Ciencias Sociales, Unidad de Métodos y acceso a datos.

.

 

En el caso de alimentos, bebidas y tabaco, las ramas que muestran mayor crecimiento se ilustran en el Cuadro 3.

 

Cuadro 3: Tasa anual de crecimiento del ivf en ramas seleccionadas de alimentos, bebidas y tabaco, 1987-1998

 

Rama

Tasa crecimiento anual 87-98

Cervecerías y fabricación de maltas.                                                                                                                 

2,82%

Industria del tabaco

3,38%

Elaboración de vinos                                                                                                                         

4,58%

Elaboración de bebidas sin alcohol                                                                                                                    

4,82%

Matanza de ganado y aves. Preparación de carnes                                                                                                   

5,51%

Elaboración de productos lácteos.                                                                                                                                    

5,73%

Molinos arroceros.                                                                                                                                   

6,45%

Elaboración de otros productos alimenticios n.c.p.

10,89%

 

Fuente: Elaboración propia en base a Facultad de Ciencias Sociales, Unidad de Métodos y acceso a datos.

 

  En la reducción de los precios de producción de algunos de estos productos, y por tanto en su expansión mediante incremento de la competitividad, también parece haber jugado su papel la fase primaria. En el sector lechero, por ejemplo, la productividad primaria medida como litros de leche obtenido por hectárea, se incrementó entre 1990 y1999 en un 75% (Olesker, 2001:46). En el caso de los molinos arroceros, la productividad por hectárea mostró un incremento que superó el 30%, al tiempo que el área sembrada más que se duplicó, pasando de 80,8 miles de hectáreas a 169,9 miles de hectáreas (estimaciones en base a la Unidad de Métodos y acceso a datos de la Facultad de Ciencias Sociales). En el caso de la cebada, la productividad por hectárea mantuvo oscilaciones durante el período, aunque el área sembrada también se duplicó. El sector cárnico vacuno comenzó una expansión en volumen productivo que se consolidaría en décadas posteriores, y que lo alejarían de los valores medios observados en décadas anteriores.

  Entre las divisiones industriales más afectadas durante el período se encuentran la de cuero, textil, vestimenta, y la de maquinaria, electrónica y equipo de transporte. La pérdida de peso relativo de estas ramas se fundamenta en un fuerte decrecimiento de estas en términos absolutos.

  Nuevamente, dentro de cada división existen situaciones disimiles. En el caso de las industrias del cuero, textiles y vestimenta, se observa una caída muy fuerte en las ramas de mayor valor agregado: hilanderías, calzado, vestimenta, marroquinería. Al tiempo que las ramas más pegadas a la fase primaria son las únicas que presentan crecimientos positivos (tops y curtiembres).

 

Cuadro 4: Tasa anual de crecimiento del ivf en ramas seleccionadas de la división cuero, textil, vestimenta, 1987-1998

 

ciiu rev.3

Descripción

Tasa anual de crecimiento (1987-1998)

1711

Hilandería y tejeduría.                                                                                                                                                                                                                                                             

-11,43%

1712

Acabado de productos textiles.                                                                                                                       

-3,06%

1713

Lavadero y fabricación de tops.                                                                                                                      

3,27%

1730

Fabricación de tejidos de punto.                                                                                                                                                                                                                                     

-3,68%

1810

Fabricación de prendas de vestir.                                                                                                                    

-5,70%

1911

Curtiembres y talleres de acabado.                                                                                                                   

1,33%

1912

Elaboración de artículos de cuero.

-17,84%

1920

Fabricación de calzado.

-8,03%

 

Fuente: Elaboración propia en base a Facultad de Ciencias Sociales, Unidad de Métodos y acceso a datos.

 

  En el caso de la fabricación de maquinaria y equipo, se aprecia una caída importante de la industria automotriz, así como en la elaboración de algunos productos eléctricos. No obstante, en la elaboración de electrodomésticos y maquinaria de uso general los valores son positivos. En el caso de esta última rama, parece no sostenerse en el tiempo, ya que en el período 1998-2015, la variación es negativa.

 

Cuadro 5: Tasa anual de crecimiento del ivf en ramas seleccionadas de la división maquinaria y equipo

 

ciiu rev. 3

Descripción

Tasa anual de crecimiento del IVF (1987-1998)

2910

Fabricación de maquinaria de uso general.                                                                                                                                                                                                                                                       

0,64%

2930

Fabricación de electrodomésticos.                                                                                                                                   

3,26%

3100

Fabricación de maquinaria y aparatos eléctricos n.c.p.                                                                                                               

-4,28%

3200

Fabricación de equipos y aparatos de radio, televisión y comunicación.                                                                                              

-15,36%

3400

Fabricación de automotores y repuestos.                                                                                                                             

-3,65%

3510

Construcción y reparación de buques.                                                                                                                  

-2,05%

 

Fuente: Elaboración propia en base a Facultad de Ciencias Sociales, Unidad de Métodos y acceso a datos.

 

  En el caso del sector químico-farmacéutico se registra un crecimiento positivo durante el período 1987-1998. Aunque con situaciones disimiles. Por un lado, caídas importantes en el crecimiento de los sectores vinculados al caucho, al medicamento, y a artículos de tocador y químicos del hogar. Por otro, incrementos también importantes en las químicas básicas, explicadas en gran medida por el efecto positivo del Mercosur sobre estas industrias; e incrementos en la actividad de la refinería de la estatal Administración Nacional de Combustibles Alcohol y Pórtland (ANCAP).

 

Cuadro 6: Tasa anual de crecimiento de las principales ramas afectadas en la división química, caucho y plástico, 1987-1998

ciiu rev. 3

Descripción

Tasa anual de crecimiento de ivf (1987-1998)

2412

Fabricación de abonos.                                                                                                                                              

-5,26%

2421

Producción de plaguicidas.                                                                                                                                         

-5,26%

2423

Fabricación de productos farmacéuticos y medicamentos.                                                                                                                                                                           

-5,94%

2424

Fabricación de artículos de limpieza y de tocador.                                                                                                               

-5,10%

2429

Fabricación productos químicos n.c.p.                                                                                                                            

-9,73%

2511

Fabricación de cámaras y neumáticos. Recauchutaje.                                                                                                    

-3,21%

2519

Fabricación de productos de caucho natural o sintético en formas básicas.

-7,45%

 

Fuente: Elaboración propia en base a Facultad de Ciencias Sociales, Unidad de Métodos y acceso a datos.

 

  Entre los sectores más afectados durante el período se encuentra una serie de ramas procesadoras de materias primas con cierto nivel de industrialización (marroquinería, tejeduría y calzado), y principalmente una serie de sectores que procesaban insumos importados, y que dependían en gran medida del mercado nacional. 

  La apreciación de la moneda, producto de la política cambiaria durante la década de 1990, y la quita de aranceles llevaron a que estos sectores se vieran expuestos a la competencia con productos importados. Si atendemos a lo sucedido con la estructura de importación de bienes entre 1990 y 1999, puede observarse un incremento en la participación relativa de los bienes de consumo final que pasan de significar un 14,9% a un 28% en detrimento de los bienes intermedios que disminuyen su participación de 71,8% a 55,9%. A su vez, en términos absolutos el incremento de las importaciones de bienes de consumo duradero se multiplicó en dólares por cuatro; mientras que el de bienes de consumo no duraderos se multiplicó casi por siete (Olesker, 2001: 63).

  En el caso de aquellos sectores intensivos en mano de obra (como el textil), la apreciación de la moneda encareció los costos asociados a la contratación de empleados. A este elemento se sumó la incorporación de grandes productores mundiales (asiáticos principalmente) con costos en mano de obra muy bajos, y basados en grandes escalas de producción, lo cual repercutió fuertemente en la reducción de los precios de producción de estos productos. 

 

Productividad y “sinceramiento industrial”

Pese a las magras tasas de crecimiento de la industria manufacturera durante el período, la productividad mostró un crecimiento importante en la mayoría de las divisiones industriales. A continuación, se detalla para las divisiones a dos dígitos de la ciiu (revisión 2) la tasa de crecimiento anual en la productividad aparente entre 1987 y 1998.

 

Cuadro 7: Crecimiento anual de la productividad aparente por divisiones industriales, 1987-1998

 

División (2 dígitos ciiu rev. 2)

Tasa de crecimiento anual 1987-1998

Alimentos, bebidas y tabaco

6,46%

Textiles y cuero

3,92%

Papel, cartón e imprentas*

3,56%

Química- farmacéutica

7,54%

Minerales no metálicos

5,69%

Metálicas básicas

-0,04%

Maquinaria y equipo

6,80%

Total de la industria

6,14%

 

*No incluye madera.

Fuente: Elaboración propia en base a Facultad de Ciencias Sociales, Unidad de Métodos y acceso a datos.

 

  Un aspecto que resulta interesante para subrayar es que el incremento de la productividad por división de actividad no supuso en la mayoría de los casos un incremento importante en la producción. En el caso de los textiles y cuero, pese a un incremento del 3,92% anual en la productividad, el crecimiento sectorial presentó tasas anuales negativas de -4,12%. Algo similar sucede con el sector de maquinaria y equipo. En el caso de minerales no metálicos, si bien no existe decrecimiento, sí hay un crecimiento muy magro durante el período, pese a un incremento de la productividad del 5,69% anual.  Por último, si se atiende al conjunto de los sectores, se observa cómo en todos los casos las variaciones de la productividad superan a las variaciones en el crecimiento del producto.

  El correlato de uno y otro aspecto es que el período fue un momento excepcional de pérdida de empleo en el sector industrial. Esta pérdida de empleos fue producto de una transformación en la función de producción, donde la dotación de medios de producción se incrementó, incrementando así la composición técnica y orgánica del capital industrial.

  Desde el punto de vista del conjunto de capitales individuales, el período se caracterizó por una reducción importante de las firmas existentes (ver Cuadro 8). Con una reducción relativa mayor en las empresas de menos de 5 empleados.

 

Cuadro 8: Empresas industriales por cantidad de empleados, 1988 y 1997 (en unidades)

 

Empresas de menos de 5 empleados

Empresas con más de 5 empleados

Total de empresas manufactureras

1988

17.073

6.256

23.329

1997

9.277

4.182

13.459

Variación 1988-1997

-46%

-33%

-42%

 

Fuente: iii y iv Censos Económicos. ine

 

Si bien el signo total es negativo en cuanto a la creación de firmas, empleos, y acervo de capital, existieron movimientos diferentes en uno y otro sentido. Datos presentados por Casacuberta, Fachola y Gandelman (2005), en base a estimaciones realizadas sobre los microdatos de la Encuesta Industrial de Actividad del Instituto Nacional de Estadística (ine) durante el período 1989- 1995 y sobre el censo de 1988, dejan en evidencia este fenómeno.

 

Cuadro 9: Tasa de destrucción y creación de empleo y capital, 1988-1995

 

 

Empleo total

Capital total

Maquinaria

Otro capital

Creación

5,9%

4,0%

9,5%

7,4%

Destrucción

13,0%

7,3%

9,6%

10,0%

Creación neta

-7,1%

-3,3%

-0,2%

-2,6%

 

Fuente: Casacuberta, Fachola y Gandelman, 2005: 98.

 

  La destrucción de empresas durante el período puede estar explicando en gran medida las tasas netas en la disminución de la variable “otro capital” (edificios, etc.). No obstante, pese a esta disminución, la tasa neta de creación de maquinara es muy cercana a cero, y la más baja de todas las estimadas. A lo que se agrega que la tasa de creación es, de las estimadas, la más alta en el período (Casacuberta, Fachola y Gandelman, 2005).  Ello muestra cómo, además de un período de reducción industrial, se trata de un momento de avance de la maquinización sobre el trabajo vivo.

  Este proceso puede explicarse a partir de dos tipos de incentivos. Uno de ellos dado por la apertura externa, donde las empresas nacionales debieron modificar determinadas variables para incrementar su competitividad exterior, así como con los productos importados que ingresaban al país. El otro aspecto deriva del proceso de sobrevaluación cambiaria. Esto incentivó la adquisición de maquinaria que se volvía más barata, a diferencia de la fuerza de trabajo, que pese a su valor depreciado, se encarecía en dólares.

  Por último, es importante destacar que las políticas de desregulación del mercado de trabajo, así como los niveles de desempleo actuaron como elementos que obturaron la capacidad política de la clase trabajadora para oponerse al ajuste en la ocupación y el salario, así como para absorber parte del incremento en el despunte de la productividad (Olesker, 2001).

  Lara (2013) presenta evidencia respecto al crecimiento de la productividad en perspectiva comparada a partir del método industry of origin. Dicha metodología se presenta como una alternativa para establecer unidades monetarias de equivalencia frente a otros métodos más extendidos como el de paridad de poder de compra (ppp) o la conversión de acuerdo con el tipo de cambio. Los resultados a los que arriba la autora, muestran un incremento absoluto de la productividad en la industria uruguaya durante el período estudiado. Sin embargo, al establecer una comparación de la brecha de productividad respecto a Estados Unidos, se observa que, a pesar del crecimiento, los niveles se encuentran aún muy por debajo. Si se atiende incluso a una serie más larga -a partir de datos estimados por la autora para 1978- se observa que la reducción de la brecha de productividad de la industria uruguaya durante los noventa apenas logra recuperar los niveles de 1980, rondando entre un 15% y un 20% de la productividad estadounidense (Lara, 2013).

  Si se compara por divisiones de actividad, se observa que durante el período 1980-1997 son pocos los sectores que disminuyen las brechas de productividad. Asimismo, aquellos que lo hacen, como alimentos, bebidas y tabaco, y otras industrias, apenas sobrepasan el 20% de la productividad sectorial respectiva de Estados Unidos.

Consolidación de la apertura industrial en el período de crecimiento sin industrialización (1998-2015)

El ciclo 1998-2015 consolida y profundiza el nivel de apertura industrial. Como se desprende de una lectura del cuadro de oferta y utilización para los años 1997 y 2013 (Cuadro 10), el proceso de apertura se incrementó en varias ramas y productos manufactureros. Este incremento se debió tanto a un aumento de la oferta importada de algunos productos, como al incremento de las ventas al extranjero.

 

Cuadro 10: Nivel de apertura por ramas industriales, 1997 y 2013

 

 

1997

2013

 

Ramas industriales

m/of

x/of

Apertura

m/of

x/of

Apertura

Carnes

1,23

30,54

31,77

4,62

42,00

46,62

Pescado; frutas, hortalizas; aceites y grasas

19,00

 

24,42

43,41

44,00

20,33

64,33

Productos lácteos

1,28

23,83

25,12

2,51

45,55

48,06

Productos de molinería

3,93

41,85

45,77

16,77

39,16

55,93

Productos de panadería y fideería

3,92

2,37

6,29

8,18

0,54

8,72

Azúcar y productos de confitería       

29,27

8,54

37,81

40,27

34,21

74,47

Bebidas y productos de tabaco

6,71

7,85

14,56

14,14

11,72

25,86

Productos textiles

13,77

33,28

47,04

55,46

27,96

83,42

Prendas de vestir; adobo y teñido de pieles

11,55

14,34

25,89

60,92

2,52

63,44

Artículos de talabartería; calzado

13,06

30,83

43,89

54,84

28,01

82,85

Aserrado y otros artículos de madera, excepto muebles

13,70

3,75

17,45

13,06

35,68

48,74

Papel y cartón

29,67

12,70

42,36

21,40

57,86

79,26

Impresiones y reproducción de grabaciones

3,68

1,97

 

5,66

 

10,81

1,14

11,96

Refinación del petróleo

20,36

6,51

26,87

22,87

7,22

30,09

Abonos y plaguicidas

45,09

8,58

53,67

65,86

12,08

77,93

Productos farmacéuticos

20,30

3,81

24,11

43,95

11,47

55,42

Sustancias y productos químicos

38,77

10,32

49,09

61,91

8,50

70,41

Productos de caucho y plástico

27,30

7,08

34,38

43,19

25,06

68,25

Minerales no metálicos

14,03

8,32

22,35

28,18

1,27

29,45

Metales comunes, productos elaborados de metal, maquinaria especial y de uso general; aparatos eléctricos, de radio; partes y piezas

42,06

4,97

47,04

73,70

5,42

 

79,12

Vehículos y de equipo de transporte

39,39

7,72

47,12

84,85

11,18

96,03

Muebles; otras industrias

13,85

3,16

17,02

50,45

8,52

58,97

Total Industria

20,51

13,60

34,11

34,79

25,64

60,43

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota: M/Of: Importaciones/oferta total; X/Of: Exportaciones sobre oferta total; Apertura: (Importaciones+ Exportaciones) /Oferta total

Fuente: BCU, Cuadros de Oferta y Utilización 1997 y 2013.

 

  Las importaciones a nivel general de la economía han presentado un incremento importante duplicando su volumen hacia 2012, respecto a 1997-1998. Si se presta atención a la estructura de estas, puede observarse cierta recuperación relativa de los bienes intermedios y de capital, y una pérdida del peso relativo de los bienes de consumo, respecto a la situación observada a fines de la década de 1990 (Bértola, Isabela y Saavedra, 2014).

  En lo relativo a las exportaciones, se observa una pérdida relativa de bienes exportados no vinculados estrechamente a la fase primaria. Asimismo, puede apreciarse una caída en la participación de las manufacturas de origen agropecuario, y un incremento de los bienes primarios sin industrializar. Esto coincide con un boom general del precio de los commodities a nivel internacional. Junto con este fenómeno de reprimarización de las exportaciones, se da un cambio fuerte en los mercados a los que se dirige la producción. Si bien el Mercosur sigue siendo el principal destino, las exportaciones a Argentina caen fuertemente. Puede apreciarse una caída en la importancia relativa de América del Norte y la Unión Europea, aspecto que no llama la atención si se tiene una mirada de largo plazo (Oddone, 2012). En contraposición a ello, hay un incremento del peso del resto de Europa y Asia. Por último, puede observarse una dispersión mayor de mercados en relación a los años noventa.

 

El crecimiento de la industria sin industrialización (1998-2015)

El ciclo que transcurre entre 1998 y 2015 supone un período de crecimiento de la industria, aspecto que lo distancia del período anterior. No obstante, como ya fue mencionado, el crecimiento industrial no superó el crecimiento conjunto de la economía, por lo que no hubo signo industrializador. El ivf de la industria manufacturera presentó un crecimiento importante (ver Cuadro 11), aunque con diferencias entre grandes divisiones industriales (ver Cuadro 12).

 

Cuadro 11: Crecimiento del ivf de la industria manufacturera, 1980-1998 y 1998-2015 (tasa anual y variación)

 

 

IVF Manufacturero 1980-1998

IVF Manufacturero 1998-2015

Variación total del período

-2,85%

               63,9%

Tasa anual de crecimiento

-0,16%

2,94%

 

Fuente: Elaboración propia en base a Facultad de Ciencias Sociales, Unidad de Métodos y acceso a datos.

 

 

 

 

 

Cuadro 12: Tasa anual de crecimiento por grandes divisiones de la industria manufacturera, 1998-2015 y 2005-2015

 

División (2 dígitos ciiu rev. 2)

1998-2015

2005-2015

Alimentos, bebidas y tabaco

3,37%

2,86%

Textiles y cuero

-5,39%

-5,66%

Papel, cartón e imprentas

8,62%

16,16%

Refinación de combustible

1,80%

3,37%

Química- farmacéutica

1,51%

1,26%

Minerales no metálicos

-2,88%

-2,32%

Metálicas básicas, maquinaria y equipo, eléctrica

-0,07%

0,17%

Material de transporte

-0,77%

-0,19%

Total de la industria

2,31%

3,68%

 

Fuente: Elaboración propia en base a Facultad de Ciencias Sociales, Unidad de Métodos y acceso a datos.

 

  El salto más importante del período lo representó el sector papel, cartón e imprentas. El elevado crecimiento de este sector se explica por dos factores. En primer lugar, el crecimiento constante, aunque a tasas no exorbitantes, del sector papelero y cartonero ya existente en el país. En segundo y principal lugar, por el desarrollo de una industria vinculada a la fase primaria cuyo punto culmine es la consolidación de las pasteras upm-Botnia, y Montes del Plata.

  En el sector químico-farmacéutico y del plástico las novedades estuvieron en las ramas de producción de plaguicidas, cuyo crecimiento se quintuplicó en el período, y en la rama farmacéutica que creció un 146% entre 1998 y 2015. Ambas ramas lograron revertir un crecimiento negativo durante el período anterior. Las químicas básicas continuaron su expansión, al igual que las pinturerías y el plástico. Las ramas vinculadas al caucho y productos derivados, así como a artículos de limpieza y tocador continuaron su caída.

  Las industrias de alimentos bebidas y tabaco, continuaron su tendencia general de crecimiento. Las ramas que más crecieron dentro de esta división se muestran en el Cuadro 13.[5]

 

Cuadro 13: Tasa anual de crecimiento del ivf para ramas seleccionados de alimentos, bebidas y tabaco, 1998-2015 y 2005-2015

 

ciiu (Rev 3)

Descripción

Tasa anual de crecimiento (98-15)

Tasa anual de crecimiento (05-15)

1549

Otros productos alimenticios

8,40%

7,10%

1533

Alimentos preparados para animales

6,27%

11,03%

1520

Productos lácteos

3,6%

5,13%

1534

Molinos arroceros

2,91%

2,15%

1511

Matanza de ganado

1,60%

0,24%

1553

Cervecería y producción de maltas

0,68%

2,29%

 

Fuente: Elaboración propia en base a Facultad de Ciencias Sociales, Unidad de Métodos y acceso a datos.

 

  Entre las divisiones industriales que presentaron crecimientos negativos durante el período se encuentran las de productos minerales no metálicos, cuyo decrecimiento se explica por lo sucedido con los materiales de construcción. En especial por la contracción de la producción de cemento, cal y yeso. Situación que sucede en paralelo, paradójicamente, a un boom de la construcción.

  La división que el Banco Central del Uruguay toma como de materiales de transporte comprende la industria automotriz y autopartista. Durante el período 1998-2015, este sector ha presentado grandes fluctuaciones con picos pronunciados, dependiendo en gran medida de políticas y acuerdos con países de la región. El balance general de este movimiento termina siendo negativo.

  Por último, durante el período se consolida la tendencia al desmantelamiento del sector textil- vestimenta, donde se observan tendencias negativas en las principales ramas. El sector vinculado a la industria del cuero es la única rama de importancia que tiene un saldo positivo de crecimiento. 

 

La productividad industrial (1998-2015)

A nivel del conjunto de la industria, la tasa anual de crecimiento de la productividad durante el período fue de 4,88% y entre 2005-2015 fue de 5,16%. La productividad continuó creciendo durante el período en la mayoría de las ramas industriales (Cuadro 14).

 

Cuadro 14: Tasa anual de crecimiento en la productividad aparente por sectores a 2 dígitos de las CIIU Revisión 3. 2005-2015

 

ciiu rev. 3

(2 dígitos)

Divisiones a 2 dígitos de la ciiu rev. 3

Tasa anual de crecimiento de la productividad

15

Elaboración de productos alimenticios y de bebidas

2,91%

17

Fabricación de productos textiles

1,94%

18

Fabricación de prendas de vestir; preparado y teñido de pieles

2,24%

19

Curtido y preparado de cueros;

1,79%

20

Madera excepto muebles

5,36%

21

Papel y cartón

24,50%

22

Edición, impresión y reproducción de grabaciones

3,23%

23

Refinería de petróleo y productos de coque

1,02%

24

Fabricación de sustancias y productos químicos

3,69%

25

Fabricación de productos de caucho y de plástico

1,79%

26

Fabricación de otros productos minerales no metálicos

3,07%

27

Fabricación de productos metalúrgicos básicos

0,31%

28

Productos del metal excepto maquinaria y equipo

2,32%

29

Fabricación de maquinaria y equipo n.c.p.

0,61%

31

Fabricación de maquinaria y aparatos eléctricos n.c.p.

3,69%

34

Vehículos automotores, remolques y semiremolques

5,14%

35

Fabricación de otros tipos de equipo de transporte

-1,46%

36

Fabricación de muebles y otras industrias

3,02%

Total

Industria manufacturera

5,16%

 

Fuente: Elaboración propia en base a ine. Serie de ivf 2006, y empalme de series de iht base 2002 y 2006.

 

            La novedad del período 1998-2015 respecto a 1981-1998 es que el incremento de la productividad fue acompañado de la expansión del producto industrial a una tasa anual del 2,94% anual. Por otro lado, mientras que en el período 1987-1998 el incremento de la productividad se tradujo en la eliminación de casi la mitad de los puestos de trabajo en las manufacturas (47%), durante el período 2005-2015, el incremento de la productividad se tradujo en una contracción del orden del 14% en el empleo industrial.

 

Concentración, extranjerización y primarización: nuevos elementos del paisaje industrial

 

A las transformaciones anotadas en el apartado anterior, relativas al desempeño de la industria, cabe agregar un conjunto de efectos que los procesos de apertura y liberalización han supuesto en relación a los capitales industriales y a la morfología del sector.

 

Concentración y centralización de capitales

Medido como la relación entre las ventas de las 100 mayores empresas sobre el total de las ventas industriales, el nivel de concentración en la producción de manufacturas pasó de 0,55 en 1986 (Buxedas, 1992) a 0,68 en 2010 (estimaciones propias).[6] Este fenómeno tiene una explicación doble. Por un lado, el número de empresas operando en la industria disminuyó. Por otro lado, es posible advertir que las empresas más grandes crecieron a una velocidad mayor que las demás empresas. Mientras que entre 1987 y 2010 la industria creció un 51%, el promedio de crecimiento de las 120 empresas más grandes fue de 100,3%. De esta manera, el período parece consolidar una industria más concentrada, y con una distancia mayor entre las grandes y pequeñas empresas.

            Este fenómeno de la concentración manufacturera también puede apreciarse a nivel de cada rama industrial. De un conjunto de 90 ramas industriales analizadas (4 dígitos de la ciiu revisión 3) en 2008, en 58 de ellas las 4 empresas más grandes representaban más del 55% de las ventas de sus respectivas ramas.

            Si tomamos las 120 empresas industriales más grandes en 1987 y en 2010 y las ubicamos de acuerdo a la concentración de la rama en la que operan, observamos que las empresas más grandes tendieron a ubicarse en ramas con elevada concentración.

 

Cuadro 15: Grandes empresas industriales por tipo de concentración en la rama en que operan, 1987 y 2010

 

 

Oligopolios concentrados

(4 empresas>55%)

Oligopolios competitivos (entre 27% y 55%)

Mercado competitivo

(4 empresas<27%)

Sin dato

Empresas 1987

57

49

4

9

Empresas 2010

82

34

4

0

 

Fuente: Elaboración propia en base a Stolovich y Rodriguez (1988), Buxedas (1992) y Geymonat (2019)

 

 

Extranjerización de la propiedad industrial

La primera variación importante durante el período de desindustrialización en lo que hace a la propiedad de las empresas industriales es el incremento del peso relativo del capital extranjero. Visto en perspectiva, el nivel de extranjerización industrial es ampliamente mayor que el de fines de los años ochenta. Según los datos de Stolovich y Rodríguez (1988), en 1987 las empresas de propiedad o con participación de capitales extranjeros representaban el 23,4% de las ventas de las mayores 120 empresas industriales. Stolovich (1989) ubicaba la presencia de empresas extranjeras en el conjunto de la industria en el orden del 21,2% del vab. En un trabajo sobre datos de 1986, Buxedas (1992) analiza un conjunto de 156 empresas industriales seleccionadas a partir de su condición de líder en su respectivo mercado. El autor mencionado, encuentra que el 23% de esas empresas son extranjeras o asociadas, manteniendo una participación en el vab y las ventas similares: 23 y 24% respectivamente (Buxedas, 1992: 36-37).

            Sobre la base de las 120 mayores empresas de 2010 y actualizando su propiedad a 2015, se obtiene que las empresas extranjeras pasaron a representar el 50% de aquellas. Su participación sobre el conjunto de las ventas se ubicó en torno a un 49%. Asumiendo el nivel de concentración de la industria, y haciendo el supuesto, más que conservador, de que sólo existen empresas extranjeras entre las principales 120 empresas, el nivel de extranjerización del sector en su conjunto ocuparía el 35% de las ventas. Pero seguramente el dato sea mucho mayor debido a que existen empresas extranjeras medianas (no contabilizadas en las 120 más grandes).

Prescindiendo de los casos en que el capital extranjero es exclusivo en el dominio de las empresas, puede decirse que la mayoría de las empresas nacionales o mixtas son controladas por una familia (Fernández Pérez y Lluch, 2015: 19-20). A este carácter familiar de las grandes empresas industriales nacionales hay que añadir su carácter cerrado.[7]

Para analizar las distintas formas de control sobre la empresa decidimos ordenar los casos atendiendo a la siguiente tipología:

1.- Empresas extranjeras. Tomando las mismas a partir del control patrimonial total o por encima del 95%, siempre y cuando este último elemento desplace de la conducción a grupos empresariales locales.

2.- Empresas asociadas. Confluencia patrimonial de capitales extranjeros y nacionales. En el caso de que la participación de los capitales nacionales sea menor al 5% se tomará como empresa mixta siempre y cuando los nacionales ejerzan algún tipo de control sobre el directorio de la empresa.

3.- Empresas nacionales familiares. Donde uno o más grupos familiares ejercen el control sobre la empresa. Se tomaron como indicadores la participación de un integrante de un grupo económico familiar, y/o la presencia de uno o más integrantes de una familia sanguínea o política en la dirección o propiedad de la empresa.

4.- Empresas cooperativas. Constituidas como cooperativas de productores o casos similares.

5.- Empresas estatales. De propiedad y control estatal.

6.- Otras. Todas aquellas cuyo control se da mediante formas no incluidas en las categorías anteriores.

Las variaciones de la cúpula industrial de acuerdo a la forma de control durante el período estudiado se muestran en los gráficos 3 y 4.

 

Gráfico 3: Ventas de las 120 grandes empresas industriales según tipo de control de las empresas, 1987 y 2010-2015 (en porcentaje del total)

 

gráfico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Elaboración propia en base a microdatos de la eaae 2010, Stolovich y Rodríguez (1988).

 

 

Gráfico 4: Las 120 grandes empresas industriales según tipo de control de las firmas, 1987 y 2010-2015 (en porcentaje del total)

 

gráfico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Elaboración propia en base a microdatos de la EAAE 2010, Stolovich y Rodríguez (1988).   

 

Al analizar las características de los grandes capitales extranjeros en la industria se observa una mayor tasa de ganancia, al tiempo que una mayor productividad promedio respecto a sus pares nacionales. Si bien las composiciones orgánicas de ambos capitales son similares, en el caso de los capitales extranjeros el peso de la maquinaria, edificios y equipos sobre el conjunto del capital constante es mayor. En síntesis, se trata de capitales más concentrados, con mayor dotación tecnológica y que se reproducen a una escala superior a sus pares nacionales.           

 

Cuadro 16: Características de las grandes empresas industriales según origen del capital, 2010

 

 

Extranjeros

Nacionales

Composición orgánica del capital

(stk+ci)/ra

11,95

11,50

Productividad aparente en miles de pesos corrientes

(vab/po)

1.687

1.472

Tasa de ganancia

ee/(stk+ci+ra)

17,4%

9,1%

Capital fijo sobre total del capital constante

(stk/(stk+ci)

39,7%

26,6%

 

Nota: stk: Stock de capital; ci: Consumo intermedio; ra: Remuneraciones de asalariados; vab: Valor agregado bruto; ee: Excedente de explotación, po: Personal Ocupado. Los cálculos de la tasa de ganancia y de la composición orgánica del capital no toman en cuenta las rotaciones del capital circulante.

Fuente: Elaboración propia en base a microdatos de la eaae (2010).

 

Primarización industrial 

El Cuadro 17 clasifica las ramas industriales de acuerdo a su nivel de apertura exportadora, y al tipo de insumo utilizado. En base a ello, analizamos lo sucedido con las principales 120 empresas manufactureras a fines de los años ochenta y en 2010. De su lectura surgen una serie de conclusiones interesantes. Las grandes empresas industriales parecen haberse concentrado en aquellos sectores ligados a la fase primaria y con posibilidades de exportación. 

 

Cuadro 17: 120 principales empresas industriales según orientación exportadora y tipo de insumos utilizados, 1987 y 2010

 

1987

2010

 

 

No exportador

Moderadamente exportador

Fuertemente exportadores

 

No exportador

Moderadamente exportador

Fuertemente exportadores

Insumos primarios nacionales

11

6

32

Insumos primarios nacionales

4

1

50

Insumos industriales nacionales

13

3

16

Insumos industriales nacionales

9

7

7

Insumos importados

16

18

0

Insumos importados

4

23

8

 

Fuente: Elaboración propia en base a Stolovich y Rodríguez (1988), Bértola y Bittencourt (2014), microdatos de la eaae 2010.

 

            Por otro lado, las grandes empresas que trabajan en base a insumos industriales nacionales disminuyen. Esto advierte una pérdida de encadenamiento entre industrias, seguramente sustituido por insumos importados.

            Si se tiene en cuenta este aspecto, sumado al desempeño relativo sectorial visto anteriormente, es fácil advertir el efecto primarizador. En efecto, la estructura industrial sufrió modificaciones durante el período con un incremento de la participación de las industrias alimenticias, de bebidas y tabaco, maderera y papelera; y con una caída fuerte en textiles, cuero y vestimenta.  

 

Cuadro 18: Participación relativa por grandes divisiones industriales en el VAB manufacturero (años seleccionados)

 

 

1980

1987

1998

2005

2015

Alimentos, bebidas y tabaco

27,9%

28,9%

34,4%

39,3%

45,3%

Cuero, calzado, textil y vestimenta

16,9%

19,0%

15,9%

11,1%

2,8%

Madera, papel, cartón e impresiones

6,8%

6,5%

9,5%

8,9%

15,2%

Química, farmacéutica, caucho y plástico

27,5%

25,4%

17,7%

21,3%

21,4%

Minerales no metálicos

5,3%

4,0%

4,0%

3,0%

3,0%

Metalmecánica

14,9%

15,8%

13,8%

13,0%

9,1%

Otras industrias

0,7%

0,4%

4,8%

3,4%

3,1%

 

Fuente: Elaboración propia en base a eia, eaae y bcu estadísticas económicas.

 

            Los sectores ligados a las ventajas comparativas del país (agroindustrias) consolidaron su crecimiento. El sector de alimentos, bebidas y tabaco es el más claro al respecto, aunque los encadenamientos de base forestal también deben incluirse, así como la industria del cuero. Por otro lado, existen algunos sectores cuyo crecimiento se encuentra fuertemente vinculado al desarrollo de la fase primaria por ser subsidiarios de esta. Quizás los ejemplos más claros sean las ramas productoras de pesticidas y abonos.

            Por su parte, aquellos centrados en procesos intensivos en mano de obra y/o mercado internistas perdieron presencia. El resultado es esperable. Por un lado, el escaso acercamiento en materia de productividad respecto a los líderes hace suponer que los precios de producción de la industria uruguaya son superiores a los de aquellos. Si a esta constatación se agrega la quita de protección arancelaria, el resultado parece ser evidente. Así como parece evidente que la industria se especialice, en este contexto, en productos sobre los que mantiene ventajas derivadas de la cercanía a los mercados o de la abundancia relativa de recursos naturales (Shaikh, 2006).

El incremento en el precio de las materias primas, en conjunto con la especialización productiva de la industria en procesos de menor incorporación de trabajo, se tradujeron en una pérdida relativa del poder de la industria en agregar valor sobre los insumos utilizados. Esto es lo que parece ocurrir durante el período de crecimiento industrial (1998-2015) si se tiene en cuenta el cociente entre el vab y el consumo intermedio (ci). Durante el período 1980-1998, por cada peso de insumo que ingresaba a la industria, ésta agregaba 0,79 pesos uruguayos ($) en promedio; mientras que entre 1998 y 2012 esta cifra desciende a $ 0,42. Si nos concentramos en los años de crecimiento industrial a partir de 2005, se obtiene que el cociente es aún menor, en el orden de $0,32 por cada $1 de insumo.

 

 

Gráfico 5: Valor agregado por cada $1 de insumo ingresado en la industria manufacturera, 1978- 2012

 

gráfico

 

Fuente: Elaboración propia en base a censos industriales, EIA y EAAE del INE

 

Conclusiones

 

El proceso de desindustrialización –entendido como la pérdida de participación de la industria manufacturera en el PBI– tiene inicios diversos según se tomen precios corrientes o constantes. No obstante, en ambos casos, la década de 1990 aparece como momento emblemático en la pérdida de participación industrial. La explicación de este fenómeno está fuertemente relacionada con las medidas de liberalización y apertura consolidadas en el período y su efecto sobre una economía periférica y pequeña.

Hasta 1998 el producto manufacturero permaneció estancado pese al crecimiento general de la economía. Pero durante la década del noventa los cambios no fueron sólo en relación al peso de la industria en el producto, sino que existieron cambios profundos a nivel sectorial. La cantidad de empresas industriales disminuyó fuertemente, sobre todo a partir del retiro de pequeñas y medianas empresas. Por otro lado, la estructura industrial tendió a modificarse, con una reducción relativa de las ramas ligadas al mercado interno sobre la base de insumos importados. En contraposición a ello, ganaron importancia los sectores exportadores ligados a la fase primaria, así como un conjunto de actividades no tradicionales ligadas al comercio regional. Pese al estancamiento general de la producción industrial, la productividad sectorial creció fuertemente en base a una transformación en la función de producción. La inversión en maquinaria y equipo, motivada entre otras cosas por un bajo precio del dólar, logró cierta actualización productiva del sector que –sobre un producto estancado– se tradujo en una reducción de la mitad de sus empleos.

A este período de desindustrialización sin crecimiento industrial, le siguió un lapso de crecimiento industrial pero sin industrialización (1998-2015). El fuerte crecimiento del producto manufacturero a partir de 2005 no logró superar las tasas de crecimiento de la economía en general. Durante este período se profundizó el signo de algunas transformaciones anteriores. Los sectores ligados a la fase primaria y vinculados a la exportación ganaron más peso aún en la estructura industrial. Ante un incremento de los niveles de apertura, y con ello de la competencia con productos finales importados, buena parte de la industria vinculada al mercado interno terminó de sucumbir. Otros sectores intensivos en mano de obra quedaron reducidos a una mínima expresión (vestimenta, hilados, marroquinería, etc.). Asimismo, la tendencia exportadora general de la industria se profundizó.

Durante este último período, sobre todo a partir de 2005, se produce un incremento en los flujos de inversión extranjera directa. Este fenómeno alteró significativamente la estructura de propiedad de la economía uruguaya. Los capitales extranjeros tendieron a alojarse en el sector exportador basado en insumos nacionales, desplazando de este tipo de actividades a buena parte del capital nacional.

En términos generales, el capital extranjero parece alterar fuertemente las condiciones de valorización de los demás capitales industriales. Desde el momento en que su despliegue tecnológico y su mayor eficiencia lo hacen más productivo, tiende a valorizarse a tasas mayores que los nacionales, desplazando a estos últimos. Al mismo tiempo, modifica las barreras de entrada al sector, y contribuye a la centralización de capitales y al incremento de la heterogeneidad sectorial.

 

Bibliografía

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Fuentes

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Unidad de Métodos y Acceso a Datos, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República. Área de Economía e Historia Económica, https://cienciassociales.edu.uy/servicios/unidad-de-metodos-y-acceso-a-datos/



[i] Programa de Historia Económica y Social de la Universidad de la República (Uruguay)

[2] La argumentación de varios dependentistas (entre ellos Marini, 1974) ha tendido a ubicar el problema del subdesarrollo como un producto de la transferencia de valor desde la periferia al centro a partir del intercambio desigual. Este se sustenta en la capacidad monopólica de los países centrales que no trasladan sus incrementos de productividad al precio final de los productos que comercian con la periferia. Una argumentación similar es manejada por Prebisch (1986). El argumento supone que la productividad agraria y minera (de las mercancías producidas por la periferia) crece a menos velocidad que la productividad industrial (correspondiente a las mercancías producidas por los países del centro). Sin embargo, como demuestra Iñigo Carrera (2017) de forma elocuente con datos de Estados Unidos, esta suposición es errónea. “…la productividad del trabajo agrario crece en los Estados Unidos sostenida y marcadamente por encima de la productividad del trabajo industrial. Mientras la primera se multiplicó entre 1910-1919 y 2000-2009 por 35 (base usda) o por 40 (base nipa), la segunda sólo lo hizo por 12” (Iñigo Carrera, 2017: 227). De esta forma, el llamado intercambio desigual no sería tan desigual como parece.

[3] Del carácter monopolizable del suelo surge la posibilidad de que su propietario extraiga una renta por el uso productivo que le dé un tercero. Como, en condiciones de normalidad, ningún capitalista realizaría una actividad que arroje una ganancia por debajo de la tasa de ganancia media, la renta del suelo que obtiene el terrateniente no proviene directamente del capitalista agrario sino de la plusvalía social generada. Asimismo, esto supone que el precio de los productos agrarios y mineros se ubica por encima del precio de producción, ya que ha de contener no sólo la ganancia media, sino el componente equivalente a la renta absoluta del terrateniente (Iñigo Carrera, 2017; Marx, 2010). Mientras que, del carácter heterogéneo de la tierra se obtiene que con un mismo adelanto de capital la productividad del trabajo puede variar. De allí se deriva que el valor comercial de las mercancías agrarias y mineras no se establece sobre el valor social medio, en base a las condiciones de normalidad, sino sobre “las condiciones correspondientes al trabajo agrario menos productivo que es necesario poner en acción para satisfacer la demanda social” (Iñigo Carrera, 2017:106). Sobre esta determinación, los terratenientes que controlan tierras más productivas estarán en condiciones de obtener una renta diferencial en relación a las tierras de peores condiciones (Iñigo Carrera, 2017).

[4] Entre ellos, el plan forestal que se inicia con la ley de 1987 y determinados beneficios fiscales al sector automotriz y autopartista a partir de 1992. Por otro lado, se continuaron algunos incentivos sectoriales que venían de antes de la restauración democrática, vinculados a los sectores textil- vestimenta (vigente desde 1963), y naval (vigente desde 1984) (Bértola, Isabela y Saavedra, 2014).

[5] Desafortunadamente, no contamos con datos empalmados a cuatro dígitos para la refinación de azúcar. No obstante, es muy probable que las tasas de crecimiento de esta actividad sean altas debido a los bajos niveles de los que partía (fue uno de los sectores más afectados por la apertura), así como por la puesta en funcionamiento de la estatal ALUR.

[6] Vale aclarar que el incremento de la concentración no implica necesariamente mayor poderío de mercado ya que no se toma en cuenta el mercado de manufacturas importadas.

[7]Del conjunto de empresas nacionales analizadas, sólo cinco de ellas cotizaron sus acciones en la Bolsa de valores de Montevideo durante 2015.