Revista Anual del Centro de
Investigaciones en Estudios
Latinoamericanos para el
Desarrollo y la Integración
América Latina: de potencias conceptuales a enanos políticos
Autor(es): Ross, César
Fuente: Latitud Sur N° 13, Año 2018. CEINLADI, FCE-UBA. (En línea) ISSN 2683-9326.
(Impresa) ISSN 1850-3659.
Publicado por: Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Económicas. Centro de
Investigación en Estudios Latinoamericanos para el Desarrollo y la Integración (CEINLADI)
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César Ross
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Artículo original de investigación
AMÉRICA LATINA: DE POTENCIAS CONCEPTUALES A ENANOS
POLÍTICOS
12
César Ross
3
UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE CHILE (CHILE)
Resumen
América Latina parece transitar incesantemente por una trayectoria histórica que la pone al
borde del desarrollo, el que parece eludirnos una y otra vez.
En los últimos 60 años, mientras esto ocurría, otras regiones del mundo como Europa del
Norte y el este de Asia, parecen haber encontrado fórmulas para alcanzar ese anhelado y
esquivo desarrollo.
La paradoja parece residir en nuestro patrón de dependencia, una trayectoria que se resiste a
desaparecer, pese a los cambios de políticas económicas, a los distintos modelos y estilos de
desarrollo, y a los énfasis ideológicos que les han dominado.
Este trabajo se pregunta por las claves de este fenómeno, en un formato de ensayo de
interpretación, donde la especulación y las preguntan tienen más centralidad que los datos y
las respuestas. Este análisis busca crear perspectivas un poco más heterodoxas para volver a
estos viejos, pero vigentes desafíos.
Palabras clave:
América Latina - inserción internacional modelos y estilos de desarrollo
LATIN AMERICA: FROM CONCEPTUAL POWERS TO POLITICAL DWARFS
Abstract
Latin America seems to travel incessantly along a historical trajectory that puts it on the edge
of development, which seems to elude us again and again.
In the last 60 years, while this was happening, other regions of the world, such as Northern
Europe and East Asia, seem to have found formulas to reach that desired and elusive
1
Fecha de recepción: 30/10/18. Fecha de aceptación: 30/11/18.
2
Este trabajo está basado en la Conferencia Inaugural dictada por su autor, en el VI Congreso Internacional
sobre América Latina y el Caribe. América Latina y los desafíos en el ámbito regional y mundial. Análisis desde
diversas perspectivas: Históricas, económicas y sociopolíticas”, realizada el 24 de octubre de 2018.
3
Profesor Titular de la Universidad de Santiago de Chile (USACH); Director del Doctorado en Estudios
Americanos; Director del Chilean Korean Study Center Program (ChKSCP); Presidente de la Asociación
Chilena de Historia de las Relaciones Internacionales.
América Latina: de potencias conceptuales a enanos políticos
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development.
The paradox seems to reside in our dependence pattern, a trajectory that resists disappearing,
despite the changes in economic policies, the different models and styles of development,
and the ideological emphases that have dominated them.
This work asks about the keys to this phenomenon, in an interpretation essay format, where
speculation and questions are more central than data and answers. This analysis seeks to
create slightly more heterodox perspectives to return to these old, but current challenges.
Keywords:
Latin America international insertion models and development styles
Introducción
En una mezcla de medias verdades, en los últimos 30 años diversas voces influyentes se han
referido a algunos países de nuestra región como potencias emergentes, potencias medias,
potencias regionales y/o potencias conceptuales. Se ha tratado, como en casi toda idea de este
tipo, de expresiones que contenían más de una interpretación. Por una parte, podría pensarse
que, en efecto, estos países fuesen sujetos con capacidad de imaginar y proponer “mundos
posibles” (como aquel gobernado por los Derechos Humanos)
4
, “teorías” relevantes (como
la Centro-periferia)
5
, arquitecturas institucionales pensadas para América Latina (como la
CEPAL
6
y el BID)
7
, y poderosas “categorías de análisis (como la de “dependencia”
8
o
“realismo periférico”)
9
; por la otra, podría tratarse de expresiones que confunden los deseos
de grandeza con la realidad, como otro proyecto deseable que no llega ni puede llegar a puerto
(como la tercera posición de Perón
10
, la condición de hegemón para Brasil
11
o de país
líder para Chile)
12
; por último, podría referirse a una fina ironía para describir a unos países
4
Hernán Santa Cruz y su contribución para la Carta de DDHH, ONU
5
Sobre las ideas de Raúl Prebisch, ver Bielschowsky, Ricardo (1998). Evolución de las ideas de la CEPAL.
Santiago: CEPAL, pp. 21-45.
6
. Ross, César (2014). Hernán Santa Cruz: del pensamiento a la acción. Horizontes Latinoamericanos. 1(2),
79-92.
7
Ross, César (2013). Felipe Herrera: Notas para la historia de su pensamiento económico, 1945-1960.
Universum, 28 (2) 139-167
8
Cardoso, Fernando H. & Faletto, Enzo (1977). Desarrollo y Dependencia, Buenos Aires: Siglo XXI; Devés-
Valdés, Eduardo (2016), El Pensamiento Sobre Asuntos Internacionales en el Caribe de Habla Inglesa El New
World Group y su Herencia, Revista Direitos Humanos e Democracia, (4) 7; Bernal Meza, Raúl (2005).
América Latina en el mundo: El pensamiento latinoamericano y la teoría de relaciones internacionales. Buenos
Aires: GEL; Bernal Meza, Raúl (2016). Contemporary Latin American thinking on International Relations:
theoretical, conceptual and methodological contributions. Revista Brasileira de Política Internacional, 59(1);
Devés, Eduardo & Ross, César (2006). Las ciencias económico-sociales latinoamericanas en África
Sudsahariana. Santiago: Ariadna Ediciones
9
Escudé, Carlos (1992). Realismo periférico: Bases teóricas para una nueva política exterior argentina.
Buenos Aires: Planeta
10
Escudé, Carlos (1988). La Tercera Posición ¿Un mito? Todo es Historia. 257, 7-26.
11
Hakim, Peter (2010). Brasil: decisiones de una nueva potencia. Política Exterior, 21 (137), 86-99
12
Ross, César (2006), Chile: los desafíos de la política exterior de Michelle Bachelet. Foreign Affairs, 6 (2).
César Ross
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cuyos líderes, conscientes de tal imposibilidad, construyen un discurso de simbolismo
impecable, con utilidad instrumental y de consumo muy local (usualmente nacional).
En perspectiva temporal, la noción de “potencias conceptuales, denota un auto-concepto
que contenía una semilla de esperanza que miraba al Continente con indulgencia respecto del
futuro. Que imaginaba que en algún momento se materializaría algo que no se denominaba
con precisión y que, en su extremo optimista, quizá podríamos llamar el “destino manifiesto”
de América Latina. Sin embargo, los obstinados datos nos señalan consistentemente que ese
futuro esplendor no fue, sino que un “patrón de dependencia”
13
más cercano a la frustración
y a la decadencia que al éxito.
Por largo tiempo, teorías como las del imperialismo y la dependencia nos dieron un
“consuelo”, proporcionándonos interpretaciones que nos exculpaban de responsabilidades,
poniendo las explicaciones de causalidad fuera de América Latina (en los Estados centrales).
Por demasiado tiempo, estas explicaciones alcanzaron para justificar todos los fallos de
desarrollo en los que esta región había caído sistemáticamente, hasta que el llamado “milagro
del Asia Oriental”
14
refutó todos los supuestos de dichas teorías, demostrando que era
posible hacer una industrialización sustitutiva de importaciones (ISI) con éxito, moverse de
la periferia hacia el centro, mejorar la calidad de vida de la propia población y desafiar a las
potencias hegemónicas con logros tangibles. La actual “guerra comercial” entre China y
Estados Unidos es una metáfora de todo esto, pero antes y paralelamente, Japón, Corea del
Sur, Singapur y Taiwán, por nombrar sólo algunos, habían sido casos exitosos del mismo
tipo.
En los años de construcción del “mítico” milagro del Asia Oriental, 1960-1993, estos países
encontraron un camino al desarrollo, mientras América Latina se hundía en experimentos
fallidos.
¿Qué hicimos mal? ¿cómo fue que pasamos de “potencias conceptuales” a enanos
políticos”? ¿Por qué las elites gobernantes pasaron de concebir grandes ideas y grandes
proyectos, a dedicarse a administrar las migajas de un Estado empresario en decadencia? Esta
reflexión busca presentar algunas preguntas, exponer algunas evidencias y ensayar algunas
conjeturas.
1. Para comenzar: una pequeña provocación
El desempeño de las economías se suele medir comparativamente con el producto interno
bruto (PIB), como una expresión de síntesis de las capacidades y desempeño de las
economías. Puestas las cifras en perspectiva, se puede observar que el lugar de América
Latina (AL) en el contexto mundial revela un proceso de retroceso respecto de los países
asiáticos.
13
Utilizo esta categoría de análisis, acuñada en la tradición de la “economía evolutiva”, en el sentido en que la
ha utilizado Douglass C. North (1993), Instituciones, cambio institucional y desempeño económico, México:
Fondo de Cultura Económica. North la usa como “path dependence” o como tradujo el Fondo de Cultura
Económica, “dependencia de la trayectoria”.
14
World Bank (1993). The East Asian Miracle. Economic Growth and Public Policy. Oxford: Oxford
University Press.
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Mirado en perspectiva longitudinal, la composición del ranking de los países con niveles de
PIB más altos es relativamente estable. En 2016, Tabla 1, de los primeros 15 países del
ranking, 9 son del mundo occidental (EE. UU., Europa y Oceanía), 4 de ellos correspondían
a países de Asia y 2 de AL. En perspectiva del año 2030, 9 son del mundo occidental, 5 son
de Asia y 2 de AL.
Sin embargo, al observar el lugar de los países en esta lista, es posible advertir no solo que
los países asiáticos aumentaron de 4 a 5, sino que se desplazaron hacia los primeros lugares.
Tabla 1: PIB Mundial en Perspectiva, 2016-2030
(PIB Nominal)
2016
2030
Miles de Millones
de USD
Rank
País
Cambio
Rank
País
1
Estados Unidos
(1)
1
China
34,338
2
China
(1)
2
Estados Unidos
32,996
3
Japón
(1)
3
India
10,133
4
Alemania
(1)
4
Japón
5,087
5
Reino Unido
(1)
5
Alemania
4,720
6
Francia
(3)
6
Reino Unido
4,622
7
India
(4)
7
Corea del Sur
3,532
8
Italia
(5)
8
Brasil
3,368
9
Brasil
(1)
9
Francia
3,311
10
Canadá
0
10
Canadá
2,750
11
Corea del Sur
(4)
11
Indonesia
2,560
12
Rusia
0
12
Rusia
2,431
13
Australia
(2)
13
Italia
2,393
14
España
(3)
14
México
2,390
15
México
(1)
15
Australia
2,040
César Ross
18
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Fuente: International Monetary Fund World. Economic Outlook (Octubre, 2016)
Lo más relevante de estas cifras, que es corroborado por el Informe que el Banco Mundial
publicó en 1993
15
, es la presencia reducida y la ubicación secundaria de los países de AL.
Esta situación demuestra la brecha existente entre las expectativas y los logros efectivos,
aunque éstos sean medidos de una manera tan agregada como es mediante el PIB.
A mi juicio, una clave reside en el modelo de industrialización de aislamiento no competitivo
de ésta. La industrialización sustitutiva de importaciones (ISI), que tantos dividendos le dio
a la región durante las etapas de sustitución fácil (1930-1947) e incluso durante la etapa de
sustitución difícil (1948-1955), describió un camino equivocado desde mediados de la década
de 1950 en adelante. En vez de apostar por la innovación y la exportación de productos
manufacturados, se inclinó por la protección creciente para evitar la competencia externa y
eludir el difícil, pero necesario camino de la innovación.
Con todo, la ISI generó beneficios concretos para los desempleados de la Crisis de 1929-
1930 y produjo un avance en materia laborales y económicas (sobre todo urbanas) que le
transformaron en un verdadero paradigma, que se convirtió en el modelo económico de la
clase media en el poder. En algunos países como Argentina, Brasil y México, el éxito del
proceso sustitutivo fue más amplio que en el resto de la región, todo lo cual tuvo un efecto
muy poderoso en lo que podríamos denominar como “el mito de la industrialización” y su
elocuente narrativa.
Sin embargo, los manejos ´sobre-politizados´ del gasto público y los subsecuentes ciclos de
déficit fiscal, más las recetas elusivas empleadas para enfrentarlos, como la emisión
inorgánica de circulante y el endeudamiento internacional, produjeron no sólo una inflación
crónica y un servicio de deuda casi imposible de pagar, sino también un costo del capital que
terminó por hacer inviable cualquier proyecto industrializador.
Las crisis de 1973, 1979 y 1982 terminaron por sellar el destino del que prometía ser el sector
económico líder de nuestras economías
16
. A fines de la década de 1980, tras lo que la propia
CEPAL denominó la “década perdida” de AL
17
, el Continente estaba en una situación
imposible: sin capacidad de pagar y sin capacidad de crecer para pagar.
En este contexto, en diciembre de 1989, en el Instituto de Economía Internacional se llevó a
cabo la reunión que dio lugar a la ya demonizada proposición de política económica,
denominada “Consenso de Washington” (CW)
18
. En sus diez medidas iniciales, este paquete
de políticas anti-cíclicas contemplaba desarmar el diseño de Estado Empresario, que había
surgido para enfrentar las desastrosas consecuencias de la crisis de 1929-30
19
.
15
Aborda una perspectiva histórica del período 1960-1993.
16
Thorp, Rosemary (1998), Progreso, pobreza y exclusión: Una historia económica de América Latina en el
siglo XX. Washington: BID-UE.
17
CEPAL (1996). América Latina y el Caribe quince años después. De la década perdida a la transformación
económica 1980-1995. Santiago: FCE.
18
Williamson, John (1990), What Washington Means by Policy Reform (captulo 2). En:
Williamson, John (Ed.) Latin American Adjustment: How Much Has Happened? Washington: Institute for
International Economics.
19
Thorp, Ibíd.
América Latina: de potencias conceptuales a enanos políticos
19
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Investigación en Estudios Latinoamericanos para el Desarrollo y la Integración (CEINLADI). (En línea)
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El repliegue del Estado
20
no solo contrajo su poder en términos generales, sino que le privó
de su cualidad empresarial, en una época en que era el principal empleador. Sin embargo, lo
que podría leerse como un debilitamiento estructural, pasó desapercibido porque en la cada
de los ´90 la economía mundial crecía de manera estable, a tasas muy altas, todo lo cual creó
una atmósfera de excesivo optimismo. Este contexto, de los denominados “felices 90”
21
,
retrasó la llegada de los efectos del debilitamiento del Estado y creó la ficción de bienestar
permanente, como proferían los llamados “global-optimistas”
22
. No obstante, este “estado de
pausatemporal se quebró con la Crisis Asiática (1997) y con el 9-11 (2001)
23
, introduciendo
una dosis importante de incertidumbre sobre el futuro
24
, que dañó la reputación del modelo
y restó valor financiero a las compañías centradas en EEUU y Asia (casi todas las grandes
empresas del mundo).
La novedad de estas crisis en AL fue que, por primera vez desde 1929-30, el Continente
enfrentó una crisis sin un Estado Empresario que saliera a enfrentar el desempleo con
recursos fiscales. Por el contrario, los gobiernos vieron perplejos mo el desempleo
aumentaba y cómo millones de personas pasaban rápidamente de la clase media a la pobreza.
En este contexto, los sectores políticos que después del colapso de la Guerra Fría (1989-
1991) quedaron sin discurso y sin audiencia, encontraron una oportunidad para volver al
poder. Sin embargo, no todos los países de AL sufrieron del mismo modo este momento
crítico, porque no todos habían tenido una misma trayectoria en las décadas precedentes. De
la homogeneidad de la política neoliberal del CW (giro a la derecha de los 90s.), se pasó a
un escenario trifurcado por las opciones que tuvieron y tomaron los gobiernos de entonces.
Siguiendo la taxonomía de Anthony Giddens: Los países más afectados, reaccionaron hacia
la “globalifobia”; los países menos afectados, hacia el “global-optimismo”; y los países con
sectores beneficiados y dañados se inclinaron hacia el “global-escepticismo”
25
. Esto permite
matizar la noción erróneamente generalizada de que toda la región habría hecho un giro hacia
la izquierda, confundiendo el nombre y denominación de los partidos políticos que
componían las coaliciones de los gobiernos, con la orientación de sus políticas económicas
y sociales.
En este contexto, el impacto adverso fue muy duro en países que habían exhibido buenos
niveles de desarrollo precedentes. El caso más notorio fue el de Argentina, un país que estuvo
a la cabeza del desarrollo del Continente por una distancia importante y que en el lapso 2001-
2003 se hundió en una crisis muy profunda.
Para los países que podríamos clasificar como globalifóbicos (A. Giddens, 1998), la quiebra
y privatización de empresas públicas, el desempleo creciente y la depreciación monetaria
hicieron que se creara una narrativa de resistencia muy poderosa en contra del CW. En esta
narrativa se construyó con medias verdades y medias falsedades; se combinaron datos reales
20
Strange, Susan (1996). The Retreat of the State: The Diffusion of Power in the World Economy. Cambridge:
Cambridge University Press.
21
Stiglitz, Joseph (2004). Los felices 90: la semilla de la destrucción. Madrid: Taurus.
22
Giddens, Anthony (1998), La tercera vía: la renovación de la socialdemocracia, Madrid: Taurus; Giddens,
Anthony (1999), Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas, Madrid: Taurus.
23
Ross, César y Montaner, Gonzalo (2017). La agenda de los estudios de seguridad post 9/11: ¿De qué y quiénes
hablan? Revista de relaciones internacionales, estrategia y seguridad, 12 (2), 15-42.
24
CEPAL (1998). Impacto de la Crisis Asitica en Amrica Latina. Santiago: CEPAL.
25
Ibíd.
César Ross
20
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de la corrupción en los procesos de privatización de las empresas estatales, con los efectos
regresivos que el CW tuvo en el empleo, a raíz de la apertura comercial y la privatización de
empresas estatales; a ello se sumaron recuerdos imprecisos o falsos sobre el esplendor pasado
de la ISI. En síntesis, se demonizó al CW y se intentó restituir la ya fracasada
industrialización de inspiración cepalina, cuestión reconocida por la propia institución ya en
1967
26
.
Este panorama adverso podría contrastar con la percepción que las economías de AL
generaron en la opinión pública durante las últimas dos décadas. Pese a los efectos de la crisis
asiática y la crisis del 9-11, la expansión de la economía de China generó una demanda muy
dinámica por los recursos naturales de América Latina, describiendo un largo ciclo de
crecimiento, conocido como “súper ciclo de los commodities” (2003-2014), el que tendió a
invisibilizar el agotamiento del modelo de desarrollo de AL
27
, cuyos señales de decadencia
ya eran visibles a fines de los “felices 90 y, muy evidentes a mediados de la década
siguiente
28
.
Al final de este súper ciclo, como ocurre casi siempre al final de cada ciclo exportador
exitoso, en AL resurgieron voces críticas respecto del diseño de la política exterior y de los
modelos de inserción económica internacional (vía TLCs. y otros instrumentos similares) de
inspiración en CW, todo lo cual fue acompañado de discursos amnésicamente optimistas
respecto de la exitosa industrialización latinoamericana que nunca fue.
29
En este escenario, el CW desafió fuertemente los fundamentos de la economía de AL en
aquello que habíamos rehuido por 60 años: Investigación más Desarrollo más Innovación
(I+D+I), y su impacto positivo sobre una industria con sesgo exportador. En este escenario
competitivo, la mayoría de las industrias locales no lograron sobrevivir. Sus destinos
siguieron dos caminos principales: la quiebra y la privatización. Como si este panorama no
hubiere sido suficientemente regresivo para el empleo, la apertura de las economías y la
masificación global de los productos de la industria asociada a las TICs (tecnologías de
información y comunicación) pusieron aún más presión sobre la contracción del empleo,
puesto que no habíamos preparado a nuestra fuerza de trabajo para adaptarse e innovar, sino
para presionar políticamente (en la cúspide empresarial y en la base sindical) para conseguir
mejores condiciones de trato en un contexto de statu quo. Esta fórmula, exitosa frente al
Estado Empresario, fue mucho menos exitosa frente a las empresas privadas locales, y muy
ineficiente ante las compañías internacionales que compraron empresas de AL.
26
Sunkel, Osvaldo (1969), Política nacional de desarrollo y dependencia externa elaborado en 1967, en
Bianchi, Andrés, Ensayos de Interpretación Económica, Santiago: Editorial Universitaria, pp. 245-278
27
Dingemans, Alfonso y Ross, César (2012), Free trade agreements in Latin America since 1990: an evaluation
of export diversification, Revista de la Cepal. 108, 27-48
28
Ross, 2006, Ibíd.
29
Como en el caso de las iniciativas destinadas a enfrentar el futuro con fórmulas pensadas para las décadas
pasadas como hizo Néstor Kirchner en su campaña presidencial. En su discurso, proponía reindustrializar su
país, como si alguna vez ése hubiere sido un proyecto de grandes logros y como si eso fuera posible después de
todo el tiempo que había transcurrido sin tomar las decisiones que llevaran a las industrias argentinas al
desarrollo de un sistema productivo exitoso.
América Latina: de potencias conceptuales a enanos políticos
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En estos mismos años, Asia Oriental se constitu en un “milagro productivo” al punto de
competir con las industrias más eficientes del mundo: Samsung, LG, Hyundai, Toyota,
Mitsubishi, Hitachi, Sony, Huawei, entre muchas otras.
En síntesis, habiendo otras opciones (Este de Asia o Europa del Norte), AL tomó el rumbo
equivocado. Después de 60 años de industrialización por sustitución de importaciones, ISI
(1930-1990) y sin sesgo exportador, la región entró forzadamente a un ciclo de
transformaciones económicas estructurales neoliberales (CW) que, lejos de fortalecer al
mercado, solo debilitaron al Estado y con ella a la fuerza de trabajo que dependía de él. Las
crisis de 1997, 2001 y 2007-2008, crearon suficiente incertidumbre como para que en algunos
países de AL se decidiera cambiar el enfoque neoliberal, yendo en sentido opuesto (giro hacia
la izquierda), el que concluyó tan mal como el ciclo de industrialización protegida, la
neoliberalización tipo CW, y el giro hacia la izquierda. En todos, predominó un enfoque
“facilista” que evitaba la inversión relevante en educación, la innovación y la creación de
valor, mediante todo tipo de mecanismos de “captura del Estado”, siendo Odebrecht el último
y quizá más grande capítulo de una historia con franquicias en todos y cada uno de los países.
2. Dos desafíos claves
30
En este escenario, muchos analistas y comentaristas, no siempre bien (in)formados, han
optado por lamentaciones (como culpar a los instrumentos de medición), mostrando cierto
pesimismo con nostalgias “dependentistas”. Como se planteó anteriormente, algunos jefes
de gobierno se han corrido hacia el pasado y, ninguno optó, como se diría coloquialmente,
por correr hacia delante. Ni siquiera los gobiernos abiertamente procomunistas pensaron por
un momento en imitar o inspirarse en la experiencia china reciente, que se trata quizás- de
la única experiencia de un país declaradamente comunista, con un modelo de desarrollo
insistentemente exitoso.
Con todo, y haciendo un poco de ficción política, si existiese voluntad por emular el modelo
chino, deberíamos abordar al menos dos desafíos claves del presente y futuro. Por una parte,
la revolución 4.0 y, por otra, la llamada educación superior 4.0.
2.1. La revolución industrial 4.0
La revolución industrial 4.0 es un concepto nuevo, que también recibe otras denominaciones
tales como “ciberusina”, “ciberfábrica”, “usina digital”, “industria digital”, “fabricación
avanzada”, “futurprod”, “integrated industry”, “smart-industries”, “intelligent manufacturing
system”, entre otros.
Como se ha señalado en muchos artículos de referencia, la llamada industria 4.0, es el centro
de la cuarta revolución industrial, donde la inteligencia artificial es el aspecto clave de esta
transformación estructural. Coinciden, quienes la han estudiado, que esta revolución está
estrechamente ligada con la creciente acumulación de cada vez más grandes volúmenes de
30
Agradezco a mi colega y amigo, el Dr. Renato Balderrama de la Universidad Autónoma de Nueva León
(Monterrey, México), por haberme presentado este problema de análisis y haber compartido conmigo muchas
de sus ideas y datos, varios de los cuales he usado en este trabajo.
César Ross
22
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datos (Big data), el uso de algoritmos para procesarlos y la interconexión masiva de sistemas
y dispositivos digitales, destinados a producir, capturar y procesar información producida por
millones de usuarios inconscientes de cada una de sus pequeñas, y aparentemente
irrelevantes, decisiones.
En el sentido clásico, podría ser definida como una nueva forma de organizar los medios de
producción que, en este paradigma son datos, procesos y computadoras (o súper
computadoras) con las que se modela la conducta de millones de personas, de modo tal de
crear servicios y productos ajustados a sus patrones de decisión. A diferencias de las
revoluciones 1.0, basada en la mecanización, la 2.0 se caracteriza por la producción masiva,
la incorporación de la electricidad y la línea de ensamble; la 3.0, está centrada en la
informática y la automatización; y la revolución 4.0 nos permite participar de las cadenas
globales de valor, casi sin infraestructura, al límite del uso único de la inteligencia.
Un ejemplo de este tipo de revoluciónes es Cornershop, una empresa chilena de servicios de
despacho a domicilio (sobre todo intermediando entre los clientes y los supermercados) que
fue comprada por Wallmart en 225 millones de dólares, noticia que fue informada
públicamente en septiembre de 2018.
Sin obtener fondos de riesgo en Chile, durante 2017 recaudaron los recursos en Estados
Unidos: En la primera ronda obtuvieron 7 y en la segunda consiguieron 21 millones de
dólares. Este emprendimiento requería de conocimiento y gestión. Sus socios (dos chilenos
y un sueco), crearon la empresa, la capitalizaron (multiplicaron el capital en más de 800%) y
le dieron trabajo a 4 mil “shoppers” o repartidores.
Esta historia feliz, como la de los emprendedores tecnológicos de Silicon Valley, que
comenzaron en el garaje de la casa, no surgió por generación espontánea. Sus socios son
profesionales de alto nivel: Los chilenos, dos ingenieros civiles de la Pontificia Universidad
Católica de Chile (Nº 1 del país) y un sueco, que posee un master en ingeniería industrial y
financiera y una amplia experiencia en el desarrollo de negocios business-to-business.
31
Pese
a su juventud, ya antes de esta empresa habían creado otras y acumulado una experiencia
crecientemente exitosa, lo que nos lleva al segundo desafío, el de la educación superior 4.0.
Según el diario financiero, en noviembre de 2019, Uber confirmó que había cerrado un trato
con Cornershop para comprar su control por 459 millones de dólares. Finalmente, el gran
salto se produjo, manteniendo a los socios fundadores dentro de la empresa y logrando un
incremento de capital que permitirá financiar la expansión internacional de la idea.
32
2.2. La educación superior 4.0
La educación superior 4.0 es aquella que requiere y, en cierta medida, produce la industria
4.0. En términos muy simples, se refiere a la educación que contempla la incorporación activa
de inteligencia artificial. Esto es, aquella inteligencia -no humana- que se aplica cuando una
31
Emol (13-09-2018) ¿Quiénes son los creadores de Cornershop? Recuperado de:
https://www.emol.com/noticias/Economia/2018/09/13/920594/quienes-son-los-creadores-de-cornershop.html
32
Diario Financiero (06-11-2019): Uber confirma: pagará hasta US$459 millones por el control de Cornershop.
Recuperado de: https://www.df.cl/noticias/empresas/consumo/uber-confirma-pagara-hasta-us-459-millones-
por-el-control-de-cornershop/2019-11-06/144136
América Latina: de potencias conceptuales a enanos políticos
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máquina imita las funciones “cognitivas” que los humanos asocian con otras mentes
humanas; como, por ejemplo: “aprender” y “resolver problemas”.
Esta educación está pensada para un ecosistema donde los dispositivos tecnológicos de uso
corriente tienen capacidad de conectarse a Internet, integrándose a lo que también se ha
llamado la “internet de las cosas”, haciendo parte de un ambiente o red interconectado e
interdependiente.
La pregunta obvia es ¿hasta qué punto las instituciones de educación superior especialmente
las universidades- están preparadas para ofrecer este tipo de educación? Más allá ¿hasta qué
punto los sistemas escolares de América Latina están preparados para educar a los estudiantes
que esas instituciones de educación superior requieren para un propósito tan complejo como
el señalado?
Los rankings internacionales, que operan como el espejo de la Bruja de Blanca Nieves,
indican que no estamos preparados para estos desafíos y desacreditamos el instrumento que
refleja nuestras limitaciones. Los rankings más bien indican que ni siquiera las élites
educadas en colegios casi tan caros como los del Primer Mundo, podrían tener éxito en
pruebas que casi cualquier estudiante, adscrito a la educación pública de Suecia, Islandia,
Corea del Sur, Nueva Zelanda o Singapur, podría resolver sin zozobra.
Jim Yong Kim, Presidente del Grupo Banco Mundial entre los años 2010-2019, lo resumió
de la siguiente forma:
Los Gobiernos que buscan el crecimiento económico adoran invertir en capital físico:
carreteras nuevas, bellos puentes, aeropuertos relucientes y otras obras de
infraestructura. Por lo general, sin embargo, están mucho menos interesados en
invertir en capital humano, que es la suma total de la salud, las habilidades, los
conocimientos, la experiencia y los hábitos de una población. Esto es un error, porque
si se descuidan las inversiones en capital humano, se puede debilitar drásticamente la
competitividad de un país en un mundo en rápida transformación, en el que las
economías necesitan cada vez más talento para sostener el crecimiento
33
.
Sin embargo, esta categoría de Capital Humano, que alude a una idea muy antigua y muy
probada por las potencias industriales, no constituye una forma unánime de interpretar el
desafío de alcanzar un alto nivel de desempeño económico y social. En efecto, como planteó
Jim Yong Kim, los gobiernos siguen optando por expresar el desempeño económico
relacionando con el PIB. Vale decir, como el valor monetario de los bienes y servicios que
una economía produce en un período determinado. Sin embargo, desde la crisis financiera de
2008 el uso del PIB ha sido muy cuestionado, porque puede subir -indicando crecimiento- y,
al mismo tiempo, los ingresos reales de la gente pueden disminuir.
Pese a todo lo anterior, hasta el presente, la pregunta por la inversión en capital humano ha
sido respondida por los gobiernos de forma ambigua: con una cifra agregada, como
porcentaje del PIB, de forma elusiva, sin explicar los énfasis de dicho gasto y, como un
porcentaje total de población alfabetizada (Gráfico 1), que suele esconder un fenómeno de
33
Banco Mundial (18-06-2016). El déficit de capital humano. En
[https://www.bancomundial.org/es/news/opinion/2018/06/18/human-capital-gap] (visitado en marzo de 2019)
César Ross
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Latitud Sur N° 13, Año 2018. Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Económicas, Centro de
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mayor complejidad, como es el “alfabetismo funcional” (saben leer y no comprenden lo que
leen).
Gráfico 1: Tasa de alfabetización, total de adultos, 1976-2016
(% de personas de 15 años o más)
Fuente: Gráfico elaborado por el Banco Mundial en DataBank
34
Este último índice, que hace un siglo podría haber revelado una enorme tarea por realizar,
sobre todo en América Latina, hoy es indicador de un logro ya alcanzado y, por ello, ha
perdido capacidad explicativa cuando se lo correlaciona con el desarrollo presente y futuro.
El capital humano, como puede observarse en la Tabla 2, sobre todo el avanzado
(profesionales con formación de posgrado), es el mayor predictor de un mejor desempeño
económico y, clásicamente, del desarrollo.
34
DataBank del Banco Mundia. Recuperado de:
https://datos.bancomundial.org/indicador/SE.ADT.LITR.ZS?end=2018&start=1970&view=chart
América Latina: de potencias conceptuales a enanos políticos
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Tabla 2: Banco Mundial: Índice de Capital Humano
El Top 10 del Índice de Capital
Humano
El ICH y los países de América Latina
1. Singapur
(0.88)
6. Irlanda
(0.81)
1 (45) Chile (0.67)
9. (81) Brasil (0.56)
2. Corea del Sur
(0.84)
7. Australia
(0.80)
2. (57) Costa Rica
(0.62)
10. (90) Paraguay (0.53)
3. Japón (0.84)
8. Suecia
(0.80)
3. (63) Argentina
(0.61)
11. (91) Panamá (0.53)
4. Hong Kong
(0.82)
9. Holanda
(0.60)
4. (64) México
(0.61)
12. (92) Nicaragua (0.53)
5. Finlandia
(0.81)
10. Canadá
(0.80)
5. (66) Ecuador
(0.60)
13. (97) El Salvador (0.50)
6. (68) Uruguay
(0.60)
14. (101) República
Dominicana (0.49)
7. (70) Colombia
(0.59)
15. (103) Honduras (0.49)
8. (72) Perú (0.59)
16. (109) Guatemala (0.46)
Fuente: Elaboración propia, sobre la base al artículo de la BBC
35
Coherente con este enfoque, el Índice de Capital Humano elaborado por el Banco Mundial
y, publicado por primera vez en octubre de 2018, demuestra que existe una correlación muy
alta entre este Índice y el desempeño económico de los países. Asimismo, este ranking
demuestra que en los primeros 4 lugares se ubican países de Asia y en los siguientes 6 lugares,
se sitúan los países europeos que suelen estar en la cúspide de las estadísticas del índice de
desarrollo humano de ONU, los que se caracterizan por tener políticas educacionales fuertes,
dirigidas a potenciar la asociación I+D+I.
35
BBC News Mundo (11 de octubre de 2018). Índice de Capital Humano: cómo es el nuevo método del Banco
Mundial para medir la riqueza de un país y en qué lugar se ubican las naciones de América Latina. Recuperado
de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-45823722
César Ross
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Para nuestro pesar, AL aparece recién a partir del lugar 45, situando a las principales
economías de la región en los lugares 63, 64 y 81. Esta es una mala noticia, pues son estas
tres las que deberían impulsar a la región y aparecen desdibujadas en este propósito.
En este escenario, ya no resulta tan paradójico que en la región persista un “patrón de
dependencia” anclado las exportaciones primarias, a las crisis institucionales (democracias
fallidas y muy frágiles), a los personalismos autocráticos y a nuestra imposibilidad de
transitar a estados superiores de desarrollo, sino que constituye la constante histórica a los
procesos a los que hemos estado haciendo referencia.
3. Asia como amenaza e inspiración
En los últimos 20 años, más por el influjo de China que por el peso del resto de Asia Oriental,
dicha región se ha convertido en una oportunidad y en una amenaza. Lo primero, ha quedado
de manifiesto en los años del “súper ciclo” y, lo segundo, se ha manifestado sobre todo en
aquellas economías con un desarrollo industrial sustitutivo de relativa importancia, como
Argentina, Brasil y México.
Paradójicamente, Asia Oriental ha sido escasamente una fuente de inspiración para AL, pese
a que debería ser su rasgo principal.
3.1. Cambios de poder en Asia: algo se mueve
En las últimas dos décadas, el panorama político en Asia Oriental se ha transformado de
manera dinámica y profunda. Dada la nueva importancia económica y política de Asia, lo
anterior ha derivado en efectos globales.
En este sentido, es posible afirmar que ha habido al menos cuatro cambios visibles e
importantes en Asia, que afectan directamente la forma en cómo los países de América Latina
han pensado y estructurado su política exterior. Se trata de la declinación de Japón, el ascenso
de China y su impacto en el poder mundial, la creciente integración económica entre China
e India (Chindia), y la transición de la situación en la Península Coreana (que ha pasado de
la latencia del conflicto a una negociación inesperada).
El primero, la declinación económica y política de Japón desde la “Crisis de Burbuja” y,
sobre todo, desde la Crisis Asiática. Esto ha sido muy relevante, especialmente para los países
que por largo tiempo pensamos que la clave de nuestra relación económica y política con
Asia era a través de Japón. La Crisis Asiática obviamente fue, si se quiere, el golpe final de
un cierto modelo económico japonés que había comenzado a colapsar a comienzos de la
década de 1990. Ha sido muy notorio que se trató de un proceso de declinación sostenido en
el comercio internacional, en la cooperación de Japón hacia América Latina y, en la
capacidad de Japón para dialogar con los Estados de América Latina. Si lo miramos en la
matriz de comercio de Japón con el mundo, pero también con América Latina, nos damos
cuenta de que esa crisis produjo un cambio doble.
En segundo lugar, el ascenso de China y su impacto en el poder mundial, ha sido un efecto
muy visible en la matriz del comercio mundial de América Latina. Si se mira el peso del resto
América Latina: de potencias conceptuales a enanos políticos
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de los otros países de Asia en el comercio mundial, todos tienden a crecer conservando una
participación relativamente equivalente lo que permite sostener que China ha crecido en
detrimento de Japón, constituyendo un cambio significativo. Eso también transforma lo que
había estado ocurriendo con la participación de Japón en el comercio de América Latina,
desde principios del siglo XX. Hacia 1930, Japón era el principal socio comercial de América
Latina y eso se mantuvo hasta 1997 salvo, obviamente, por la interrupción de la Segunda
Guerra Mundial.
A esta altura, la pregunta ya no es si China va a lograr el liderazgo económico mundial, sino
cuándo China, finalmente, va a estar a la par con Estados Unidos o cuándo va a reemplazarlo
en el liderazgo político mundial. Ya no hablamos de cuándo va a superar el PIB o cuándo va
a tener una participación mayor. En síntesis, China ha pasado del smart power
36
, que
vaticina su supremacía mundial para el 2030 o 2050, al “contending and hard power”, lo que
al mismo tiempo pone una cuota de duda sobre el ascenso chino, pues la potencia en
declinación no cederá sus cuotas de poder y/o sus privilegios sin perder ni un centímetro de
su espacio de influencia.
El tercer cambio, es la creciente integración económica entre China e India, la creciente
integración intra-industrial entre China e India que algunos autores ya denominan Chindia,
37
lo que no sólo tiende a superar al conflicto político y geográfico tradicional de estos dos
países, sino también, a generar una nueva entidad con alrededor de 2.500 millones de
habitantes y con dos economías que se ponen crecientemente de acuerdo, generando un
escenario inédito, diferente y desafiante. En 2007, Osvaldo Rosales y Mikio Kuwayama
publicaron un trabajo sobre esta integración que explica con detalle las características y los
alcances de este proceso
38
. Este es un nuevo escenario y podríamos especular que hoy India
está donde China estaba hace 30 años. Podemos preguntarnos, si esta integración continúa
donde estarán ambos en 20 años más. Como bien sabemos, las integraciones avanzan y
retroceden en América Latina, pero la sola existencia actual de esta integración está
generando efectos sustantivos en esa realidad asiática y, debería hacernos repensar nuestras
teorías sobre integración, cuyos éxitos del futuro siguen hipotecados a nuestros conflictos del
pasado.
El cuarto cambio, referido a la transición de la situación en la Península Coreana, es un factor
de incertidumbre respecto del futuro de la región y nuestra relación con ella. No necesitamos
un conflicto demasiado grande, ni prolongado, para que dicha zona entre en un espacio de
incertidumbre mayor ¿Será sólo una amenaza vacía, como la del martes 29 de julio de 2014,
cuando el der de Corea del Norte, Kim Jong Un, prometió lanzar misiles hacia el Pentágono
y la Casa Blanca? Sí, puede ser sólo un acto propagandístico, pero muchos choques bélicos
han comenzado con errores de cálculo, con amenazas que aparentemente eran infundadas. El
36
Nye, Joseph (19 de Agosto de 2006). In Mideast, the goal is 'smart power'. The Boston Globe (newspaper).
Recuperado en:
http://www.boston.com/news/globe/editorial_opinion/oped/articles/2006/08/19/in_mideast_the_goal_is_smart
_power/
37
Chindia es una palabra que se refiere a China y la India en general. El crédito de acuñar el término ahora
popular es para el miembro indio del Parlamento Jairam Ramesh. En Jairam Ramesh (2005). Making Sense of
Chindia: Reflections on China and India. New Delhi, India Research Press.
38
Kuwayama, Mikio y Rosales, Osvaldo (2007). América Latina al encuentro de China e India: perspectivas y
desafíos en comercio e inversión, Revista de la CEPAL.93, 85-108.
César Ross
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contexto de inseguridad de la Península Coreana ofrece otra perspectiva sobre esta Asia de
la cual nos hablaba el informe del Banco Mundial de 1993, al clasificarla como el “milagro
del Asia Oriental”
39
, donde parecía que todo era gestión de negocios e integración económica.
Este también es un espacio de incertidumbre, incluso en el propio lenguaje y en el imaginario
más clásico de la Guerra Fría. En efecto, si hubiera un conflicto bélico en Asia tendríamos
un desastre económico global, pues esta región es la fuente de la mayor producción de
manufacturas del mundo, de la principal demanda mundial de commodities y el mayor
espacio de distribución de carga naviera del mundo. Una guerra de escala asiática se
convertiría en una crisis económica de escala global. El gobierno de Pionyang (Corea del
Norte) lo sabe bien y lo ha convertido en su principal herramienta de política exterior.
Sin embargo, en el último tiempo esta tensión que parecía estructural ha devenido en
coyuntural, en la medida que ambas Coreas se han puesto a disposición de un diálogo, lo que
podría derivar en la anhelada paz y podría balancear, positivamente, la tensión que hemos
observado en la llamada “guerra comercial” entre Estados Unidos y China.
La Península avanza en un proceso de entendimiento mutuo cuyas implicancias aún
desconocemos en detalle. No obstante, la sola idea de un acuerdo implica una buena noticia.
La probabilidad de que en el futuro cercano y mediano tengamos un solo país unificado no
se ve próxima, sea por el impacto económico que implicaría para Corea del Sur o porque
Corea del Norte no ve en forma positiva un escenario en el cual podría ser absorbida. La
experiencia de la reunificación, en verdad absorción de Alemania, constituye un caso que los
coreanos han estudiado en detalle. De ahí se desprende que Corea del Norte quizás prefiera
emular al modelo chino -llamado, en términos eufemísticos, como “socialismo de mercado”-
y mantener una relación pacífica con su hermana Corea del Sur, que mantendría, si
quisiéramos extender estas categorías de clasificación, su modelo de “liberalismo de
mercado”.
3.2. Este y Sudeste de Asia (ESA) y América del Sur: dos hipótesis
Sin perjuicio de que sea posible formular otras ideas más específicas, en términos generales
se advierten dos opciones que resultan muy visibles al observador relativamente
especializado.
Primero, que la relación entre el ESA y América del Sur tiene las condiciones previas
esenciales para desarrollarse, completamente sobre la base de la complementación natural
que existe, en un enlace de “asimetría virtuosa”
40
, entre ambas partes (exportación
sudamericana de commodities e importación asiática de bienes manufacturados de alta
tecnología). Esta asimetría, a diferencia de la descrita, no implica una regresión en el
desempeño de este vínculo pues no existe competencia, sino cooperación entre los actores
involucrados. En tal sentido, más que una amenaza, constituye una opción para todos los
39
World Bank (1993), Ibíd.
40
Ross, sar (2019). Chile and China 2000-2016: the Humming Bird and the Panda (Chapter 7). En Bernal
Meza, Raúl y Xing, Li (2019). China-Latin America Relations in the 21st Century The Dual Complexities of
Opportunities and Challenges, London: Palgrave McMillan (Book in print).
América Latina: de potencias conceptuales a enanos políticos
29
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productos tradicionales de exportación. Sin embargo, América del Sur parece no advertir esta
enorme oportunidad.
Segundo, que el ESA sea una alternativa para la inserción global de América del Sur está
presente en el "discurso público" de la política exterior declarada de la región, pero su
importancia no se refleja en las políticas exteriores practicadas por todos los Estados, lo cual
revela una profunda ignorancia y/o la existencia de una visión subyacente basada en una
percepción de la amenaza económica. Este enfoque es especialmente fuerte en Argentina y
Brasil, dos países con grandes sectores industriales, aunque con productos de baja intensidad
en términos de innovación y competitividad. Esto último, en la práctica, les sitúa fuera del
campo real de la competencia por los consumidores que buscan productos como los ofrecidos
por las economías asiáticas.
Con todo, fuese por miopía o prejuicios, salvo pocas excepciones, la región no alcanza a
visualizar la oportunidad que Europa y Estados Unidos dejaron de representar en Asia.
3.3. Asia como amenaza real y virtual: el caso de China
Si la reciente “guerra comercial” entre China y Estados Unidos fuera verdadera, ella sería
una muy buena metáfora de cómo un país emergente, basado en su agresividad comercial, en
su desarrollo industrial y en un sistema educacional fuerte, puede pasar de ser una economía
periférica y dedicada a la “copia” de productos de la industria central, a ser un competidor
consumado por productos propios. Cheri, Lifan, Grat Wall, Byd, Geely y Huawuei, ente otras,
son muestras de que las industrias propias constituyen la vanguardia de la expansión
comercial china. Detrás de esto hay un esfuerzo hay una inversión eficiente y masiva en
educación escolar y terciaria, en infraestructura y en I+D+I, de manera robusta y prolongada.
Hoy vemos el resultado de un proceso muy largo.
Si la guerra no fuera del todo verdadera, o si fuera como en las artes marciales- una
coreografía de un combate que por ahora no es real, sería la manifestación clara de una
contienda que solo podría ser creíble entre el hegemón clásico indiscutido, como es Estados
Unidos, y el hegemón emergente indiscutido, como es China. En este escenario, lo que
estaríamos viendo sería un proceso de “ajuste de precios” en que ambos están midiendo sus
fuerzas para redefinir su entendimiento comercial, pujando cada uno por sus intereses en un
“juego de negociación”, donde se ejerce presión en todos los flancos. En esta coreografía,
eso sí, estaría permitido golpearse, pero no llevar el ataque hasta el fin, porque la existencia
de uno depende del otro: Estados Unidos es el mercado de preferencia por su tamaño y
riqueza y China es el mayor tenedor de bonos de la deuda de EEUU. Se trata de un frágil
equilibrio que nadie quiere romper.
China es un actor de varios posibles, en Asia y a todos ellos se ha visto en esta doble cualidad
de amenaza y oportunidad. Sin embargo, casi nunca le hemos visto como inspiración.
3.4. Asia como inspiración: el caso de Corea del Sur
Corea del Sur es un país cuya superficie alcanza los 99.720 kilómetros cuadrados, lo que
equivale al 6,7 % del territorio promedio de cada uno de los países de América del Sur y al
César Ross
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0,6 % del total regional. Esta diferencia debe hacernos pensar acerca de la enorme proeza
que ha constituido el desarrollo experimentado por Corea del Sur en los últimos 60 años de
su historia.
En la actualidad, la población de Corea del Sur asciende a 51.446.2101 habitantes,
equivalente al 13,8 % del total de América del Sur. Sin embargo, considerando que el
promedio por país de América del Sur llega a poco más de 31 millones, la población de Corea
del Sur equivale al 165 % de dicha media.
41
Todo lo anterior implica que, frente a cada país,
sólo Brasil y Colombia son naciones más pobladas que Corea del Sur. Argentina tiene una
población equivalente y el resto de los países tiene poblaciones de inferior tamaño. En suma,
y mirado en términos globales, entre Corea del Sur y sus homónimos sudamericanos hay más
simetría que desequilibrio.
Sin embargo, en términos de desarrollo las diferencias son ostensibles. Según las cifras del
Banco Mundial,
advertimos una diferencia sustantiva al comparar el PIB total y per cápita
de Corea del Sur frente a los mismos indicadores de América del Sur. Mientras el PIB total
de Corea del Sur se eleva a US$2,138 billones,
el de América del Sur alcanza solo a
US$166,92 billones. A su vez, el PIB per cápita coreano es de US$41,388,
en tanto que el
de América del Sur asciende a algo más de US$13,910, teniendo como el más alto el de
Chile, que llega a US$24,635.
42
Para los escépticos, que podrían especular que estemos o no frente a un caso de crecimiento
sin desarrollo, es relevante exponer que los índices de desarrollo humano de Corea del Sur
también son muy elevados. En 2017, ocupaba el 22º lugar del ranking mundial, con un índice
de 0.903.
43
Actualizado a 2018, toda la región de América Latina y el Caribe tiene un índice promedio
de 0.751, con cifras registradas como “muy alto” en solo tres países, que son Chile, con un
índice de 0.832 (44º puesto), Argentina, con 0.820 (47º) y Uruguay con 0.801 (55º)
44
.
Estas brechas refuerzan las tesis que advierten que el crecimiento económico de Corea del
Sur no sólo ha impulsado a los emprendimientos empresariales, sino que también ha
financiado una política pública dirigida a mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
En síntesis, podría afirmarse que en las condiciones materiales naturales (territorio y
población) existe un cierto equilibrio entre Corea del Sur y los países de América del Sur,
pero en aquellos indicadores que reflejan el desempeño de la política pública y sus efectos
en la población, se advierte esa diferencia que no existía hace 40 o 50 años y que Corea del
Sur abordó eficientemente.
Para América Latina el aprendizaje debería ser simple. Se requiere mejor política pública -
que en este caso debería ser, esencialmente, mayor inversión focalizada en educación de
41
World Data Banco Mundial. Recuperado en: https://datos.bancomundial.org/region/america-latina-y-el-
caribe
42
Ibíd.
43
UNDP, Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2017. Recuperado en:
http://hdr.undp.org/en/content/informe-nacional-sobre-desarrollo-humano-2017
44
Ibíd.
América Latina: de potencias conceptuales a enanos políticos
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Investigación en Estudios Latinoamericanos para el Desarrollo y la Integración (CEINLADI). (En línea)
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calidad y mejor régimen laboral-, lo que implica aumentar la estabilidad en el trabajo y la
productividad de los trabajadores. No puede pedirse lo primero, sin exigir lo segundo.
En este sentido, cuando se analiza la cuestión de la eficiencia y la capacidad de los países
para innovar, se suele centrar el foco sólo en la política pública productiva, y poco en el
desarrollo de capital humano avanzado. Sin embargo, ningún país puede hacer un “milagro”
productivo desatendiendo a la formación de la fuerza de trabajo, lo que comienza en la
educación formal. Para ponerlo en perspectiva, con cifras del período 2017-2018, Corea del
Sur gastó el 5,25 % de su PIB (MUS$76.632,60) en educación, equivalente al 37 % del total
del gasto de América del Sur, que solo compromete el 4,46 % de un PIB mucho más pequeño
(MUS$205.749,70). Llevado a cifras per cápita, Corea del Sur gasta US$1.420, mientras que
en América del Sur apenas alcanza los US$370.
45
Como puede apreciarse, la clave está en las magnitudes de este gasto, pero también en la
calidad del trabajo que se hace con esos recursos. En este punto, es crítico recordar que Corea
del Sur fue un país pobre hace pocas décadas, y que la gran transformación económica y
social (“milagro del Río Han) la hizo focalizando el gasto e insistiendo en su fórmula, es
decir, los gobiernos cambiaron y el modelo fue sostenido.
4. Qué hacer: quo vadis futuro
La certidumbre suele ser una categoría de análisis que consideramos un atributo positivo en
casi cualquiera disciplina de las ciencias sociales (incluida la economía). En efecto, es
positivo porque nos permite elaborar generalizaciones, pero no lo es para la realidad que
observamos.
Casi todo lo que nos parece indeseable en nuestros países tiene carácter estructural y tenemos
bastante certeza que tales fenómenos, no solo tienen carácter histórico, sino que
permanecerán en nuestras realidades por mucho tiempo más.
Lo que constituye un desafío es transitar desde estas certezas regresivas a otras que quizás
podríamos llamar virtuosas. Estar seguros de qué atributos positivos nos acompañarán por
mucho tiempo. Sin embargo, tenemos serias sospechas de que eso no está ocurriendo.
46
La pregunta por qué hacer debería guiarnos por el camino de la observación de otras
experiencias que, partiendo de lugares relativamente equivalentes, hicieron trayectorias
diferentes y mejores. Sin embargo, dichas opciones implican decisiones doloras: Romper el
patrón de dependencia, romper las tramas de los intereses asociados a dichos patrones de
dependencia, implica esforzarnos en menos opciones y de manera más consistente y
persistente, lo que supone no cambiar de rumbo a mediano plazo. Sin embargo, no se trata
sólo de persistir, sino de mantener el rumbo de políticas exitosamente probadas en otros
países con características similares. De allí mi fijación en algunos países del Este de Asia,
45
Expansión Datos marcro.com. Recuperado en: https://datosmacro.expansion.com/estado/gasto/educacion
46
Por cierto, hablar en términos hipotéticos, con discursos de “buenismo” desarrollista no parece muy
aconsejable, máxime cuando el Continente ya ha sido inundado muchas veces por ese mismo tipo de olas, sin
que lleguemos a nada beneficioso, más que constatar el hastío.
César Ross
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especialmente en Corea del Sur. Pero, ¿cómo llegar a un acuerdo nacional, a un pacto
transversal respecto del futuro, a una convergencia sistémica?
La respuesta es tan breve, como difícil de alcanzar. La única forma es alinear los intereses a
principios superiores, que fuercen a todos a ser mejores ciudadanos, a producir una mejor
política, un ambiente susceptible de producir los acuerdos, que permita generar una política
más estable, precisamente por ser fruto de un conjunto de debates enfocados en la alta
política.
Este último párrafo, es exageradamente idealista y optimista, pero no por ello deja de aludir
a un horizonte deseable. Éste, lejos de ser un escenario utópico, describe lo que ha sucedido
estructuralmente en un conjunto de países que suelen estar en la cúspide de los indicadores
índice de desarrollo humano, calidad de vida, crecimiento económico, rankings
educacionales y otros relacionados con gobernanza y gobernabilidad. Se trata de aquellas
naciones clasificadas como “buenos países”, una de cuyas características centrales es la
calidad ética de su política.
4.1. ¿Nueva ética política?
Ningún plan, por brillante que sea, podrá dar resultado sin un consenso amplio y básico. Esto
es pre-requisito de cualquier plan de futuro, por modesto que sea. Como muestra la Tabla 3,
Good Country Index es un horizonte para tener en cuenta y que nos demuestra que es
posible.
Este índice intenta medir los impactos globales de las políticas y comportamientos
nacionales: lo que el país contribuye a los bienes comunes globales y lo que quita. El índice
utiliza 35 puntos de datos, cinco para cada una de las siete categorías, producidos por las
Naciones Unidas y por otros organismos internacionales, y unos pocos por organizaciones
no gubernamentales y otras organizaciones.
Tabla3: Índice de Buenos Países
Rango
País
Ciencia y
Tecnología
Cultura
Paz y
Seguridad
Orden
Mundial
Planeta
y
Clima
Prosperidad
y Equidad
Salud y
bienestar
1
Holanda
8
2
27
3
19
4
9
5
Alemania
21
15
37
2
18
14
7
8
Reino
Unido
5
11
48
12
11
35
4
América Latina: de potencias conceptuales a enanos políticos
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25
Estados
Unidos
38
67
72
29
35
62
10
35
Chile
74
51
19
26
43
73
91
39
Costa Rica
76
32
16
22
46
82
110
49
Uruguay
135
59
6
37
8
135
80
50
Barbados
35
18
126
103
54
32
103
70
Panamá
99
117
110
27
99
68
54
72
Nicaragua
110
100
96
87
140
20
30
74
México
95
64
85
99
90
108
48
80
Brasil
109
119
61
50
53
162
40
81
Ecuador
139
106
24
80
94
110
50
82
Argentina
75
119
39
49
112
100
122
84
Rep.
Dominicana
122
125
129
51
31
76
81
Fuente: Good Country Index Overall rankings.
47
Estas cifras, a diferencia de las relacionadas con las referidas a crecimiento económico,
innovación y a capital humano, por sólo referir a algunos indicadores, demuestra que Asia es
un gran ejemplo en desarrollo económico, pero no así en términos de desarrollo político y
social, que en la cultura latinoamericana es una precondición para generar un grado superior
de acuerdo nacional.
En el caso de América Latina, las experiencias de las dictaduras no hacen viable que pueda
reproducirse el modelo asiático que ha combinado los autoritarismos políticos y liberalismos
económicos, como fue el caso de la Dictadura de Augusto Pinochet en Chile en los años de
la Guerra Fría. Casi al final de la segunda cada del siglo 21, la región demuestra economías
fracasadas y democracias sostenidas en institucionalidades muy débiles. Todo ello revela que
el mejoramiento de la política es una vía ineludible y pese a ello, una dimensión que el
Continente no ha logrado mejorar de manera significativa. Es más, en la última década
latinoamericana hemos visto como la corrupción asociada a la política ha debilitado
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Good Country Index [https://www.goodcountry.org/index/about-the-index] (visitado el 18 de junio de 2019).
César Ross
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estructuralmente la calidad de la política y la ética pública. El símbolo de ello ha sido el caso
de la empresa constructora Odebrecht, involucrada en actos de corrupción durante 20 años
(1998-2018), para obtener beneficios en contrataciones públicas en 12 países: Angola,
Argentina, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, México, Mozambique, Panamá,
Perú, República Dominicana y Venezuela.
El deterioro en la calidad de la democracia latinoamericana ha sido múltiple, pues a este tipo
de corrupción se agregan las organizaciones de crimen organizado sobre todo las
relacionadas con el narcotráfico- que han sido omnipresentes en su participación, sobre todo
en el financiamiento de campañas electorales.
En este contexto, apelar a una mejor política y a un nuevo y superior estándar ético para la
política, no es un propósito utópico y/o idealista, sino que es un imperativo crítico y urgente
para la política presente y futura de la región.
Conclusión
Más que unas conclusiones, en un texto como este de carácter especulativo y ensayístico, se
puede ofrecer una síntesis de los argumentos anteriores y una reflexión final.
Hasta aquí, he procurado elaborar un diagnóstico en base a 3 puntos principales y un cuarto
punto referido a nuestros desafíos.
En el primer punto del diagnóstico, he sostenido que habiendo otras opciones (Europa del
Norte y el Este de Asia) AL tomó el rumbo equivocado, siguiendo un patrón que combinó
corrupción, captura del Estado (para empresarizarlo o para privatizarlo), populismo y
neopopulismo. Este “patrón de dependencia” no solo es observable en el período de la ISI,
sino que en la fase siguiente, cuando transitó rumbo a una especie de “neoliberalismo
cavernario”, que nos recuerda más a David Ricardo que a Ludwig von Mises, Friedrich
Hayek, Milton Friedman y los siguientes.
De igual modo, el fracaso de CW en los países donde el Estado era más robusto, derivó en
un giro hacia la izquierda que cambió el discurso político, pero no el patrón estructural de la
conducta de quienes detentaban el poder. Como he señalado más arriba, pienso que en todas
esas etapas predominó un enfoque “facilista” que evitaba la inversión relevante en educación,
la innovación y la creación de valor, mediante todo tipo de mecanismos de “captura de
Estado”, siendo Odebrecht el último y quizá el más grande capítulo de una historia de
corrupción con lamentables ejemplos en todos y cada uno de los países.
Como segundo punto, del diagnóstico he planteado que, frente a estos datos de comparación
internacional, muchos analistas y comentaristas, insisto, no siempre bien (in)formados, han
optado por las lamentaciones y por recuperar el pesimismo dependentista que siempre situaba
las culpas fuera de AL. Quizá por esto mismo, algunos jefes de gobierno y sus intelectuales
orgánicos, han corrido hacia las fórmulas del pasado y ninguno ha buscado una salida hacia
el futuro. Ni siquiera los gobiernos abiertamente procomunistas pensaron por un momento
en imitar o en inspirarse en la experiencia china reciente. Paradójicamente, pese a que se trata
quizá de la única experiencia de un país declaradamente comunista, con un modelo de
América Latina: de potencias conceptuales a enanos políticos
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desarrollo insistentemente exitoso. Sin embargo, y con la misma contumacia, no se quiere
ver lo obvio, más y mejor educación produce innovación y ésta genera capacidades laborales
y de competencia y/o cooperación económica internacional. No se necesita mucho talento
para ver este asunto, aunque se requiere mucho coraje para arriesgar el capital político, a
veces muy débil, para ir contra la corriente del patrón de dependencia que describe
perfectamente la trama de los intereses de largo plazo, cuyas rentabilidades suelen ser de
corto y mediano plazo.
Como tercer punto, al poner la trayectoria de AL en perspectiva con Corea del Sur, se constata
que en las condiciones materiales naturales (territorio y población) existe un cierto equilibrio
entre estos dos espacios geográficos. Sin embargo, en aquellos indicadores que reflejan el
desempeño de la política pública y sus efectos en la población, se advierte esa diferencia que
no existía hace 40 o 50 años y que Corea del Sur abordó eficientemente.
Para AL el aprendizaje debería ser simple. Se requiere mejor política blica -que en este
caso debería ser, mayor inversión focalizada en educación de calidad y mejor gimen
laboral-, lo que implica aumentar la estabilidad en el trabajo y la productividad de los
trabajadores. No puede pedirse lo primero, sin exigir lo segundo.
En este sentido, cuando se evalúa la baja eficiencia y frágil capacidad de los países para
innovar, se suele centrar el foco solo en la política pública productiva y poco en el desarrollo
de capital humano avanzado. Sin embargo, ningún país puede hacer un “milagro” productivo
desatendiendo a la formación de la fuerza de trabajo, lo que comienza en la educación formal.
Respecto de los desafíos y como cuarto punto de estas conclusiones, cabe volver a la difícil
pregunta acerca de qué hacer. Al respecto, y atendiendo a nuestras experiencias de políticas
públicas, la prudencia aconsejaría comenzar observar las experiencias de países que,
partiendo de lugares relativamente equivalentes, hicieron trayectorias diferentes y mejores.
Sin embargo, dichas opciones implican decisiones doloras: Romper el patrón de
dependencia, romper las tramas de los intereses asociadas a dichos patrones, concentrar el
esfuerzo en menos opciones y de manera más consistente y persistente, lo que supone no
cambiar de rumbo a mediano plazo.
Sin embargo, no se trata solo de persistir, sino que mantener el rumbo de políticas
exitosamente probadas en otros países con características similares. De allí mi fijación en
algunos países del Este de Asia, especialmente en Corea del Sur. Pero ¿cómo llegar a un
acuerdo nacional, a un pacto transversal respecto del futuro, a una convergencia sistémica?
La respuesta es tan breve como difícil de alcanzar. La única forma es alinear los intereses a
principios superiores que fuercen a todos a ser mejores ciudadanos para producir una mejor
política, un ambiente susceptible de producir los acuerdos que permitan generar una política
más estable, precisamente por ser fruto de un conjunto de debates enfocados en la alta
política. En un contexto como éste, necesitamos restablecer el tono profundo de la utopía,
pero no de cualquier utopía, sino que de aquella que permita avanzar hacia el logro de
objetivos superiores, como los del desarrollo. Nada es tan sublime como sacar a otros de la
pobreza y de la ignorancia.
Pero ¿cómo volver a ser potencias conceptuales? ¿cómo concebir nuevamente grandes ideas
y grandes proyectos? Fuera de la especificidad a la que ya me he referido, solo puede hacerse
César Ross
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abandonando/superando la miseria de la teoría, la miseria de la política y la miseria moral de
la cuestión pública.
Por ahora, nubes en el horizonte, pero permítanme especular, conjeturar, tal vez soñar.
48
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